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jueves, 13 de noviembre de 2008

Entrevista de Magalí Sayal

Al ritmo del 2 x 4

“Armandito” Mazantini tiene 80 años, y es profesor de tango. Hace 15 años, decidió dejar su actividad como arquitecto paisajista para dedicarse por completo a su pasión por la danza. Declara que bailar tango es “sólo cuestión de animarse y empezar”, y que los argentinos aún no se dieron cuenta de la importancia de conocer “los secretos del tango”.

Hacia el final del corredor, se encuentra de pie, ensayando algunos pasos de baile con un tango clásico que suena de fondo. Se saca el sombrero para saludar, y con su típica indumentaria arrabalera, invita a seguirlo con la enredada coreografía que improvisa, al ritmo de una voz melancólica acompañada por el sonido de un bandoneón. Señala unas marcas en el piso, que ayudarían a cualquier principiante a dar sus primeros pasos en la pista. Desliza sus zapatos lustradísimos con gracia y soltura. Sólo interrumpe su demostración para conversar con una parejita curiosa, que entra al centro cultural para preguntar por las clases particulares que aquí se ofrecen.

Armando Mazantini, a sus 80 años, reparte su tiempo entre sus dos pasiones: su familia y el tango. Se declara un amante incondicional de esta reconocida danza que mantiene su vigencia “gracias a que la juventud también está tomando el tango y lo está haciendo crecer”. Armandito, como lo llaman cariñosamente, comenta que hace tiempo dejó de trasnochar en la milonga (también reconocido como baile o festín por el lunfardo porteño) porque “mi fuerza y energía, que es la de un hombre mayor, la quiero emplear solamente lo imprescindible, que es enseñar, transmitir y de vez en cuando, para no quedarme, bailar con alguna profesional, un poco de práctica intensa para mantenerme en estado”.

El encuentro se concretó casi una semana después de solicitada la entrevista: Armandito tiene una agenda muy apretada, en la que organiza sus clases diarias, grupales e individuales, en varios lugares de Capital Federal.

Armando recuerda aquellos tiempos en que el entrenamiento y la destreza en el baile era un requisito esencial a la hora de asistir a una milonga. La rigurosa selectividad de las mujeres para elegir un compañero de baile obligaba a los hombres a practicar la danza entre ellos, turnando roles para practicar las figuras clásicas que les aseguraran estar a la altura de las exigencias femeninas: “un varón que supiera bailar, con los zapatos atados con alambre, por falta de recursos y de dinero, era más solicitado que el varón que no sabía bailar, trajeado, con sus zapatos y su pinta.” Armando destaca la importancia del abrazo en esta danza caracterizada por la sensualidad y la intensidad de la conexión entre los bailarines: “Un tango con una pareja abrazada, es como un romance que dura tres minutos con una persona desconocida, donde no hay ningún compromiso. Después de esos tres minutos, se terminó el romance, se terminó todo. Entonces ese momento lo tienen que disfrutar”.

Sin embargo, no siempre se dedicó a dar clases de tango: “veía que económicamente no resultaba. Yo veía a los grandes del tango bailar por poca plata”. Sin olvidar su pasión por la danza, estudió paisajismo en la Facultad de Agronomía, y se dedicó a la especialidad de crear jardines con movimientos de agua, por lo que pudo destacarse y progresar como arquitecto paisajista. Participó en 100 exposiciones, y a lo largo de su carrera efectuó más de 4000 obras enmarcadas en la empresa que fundó hace 40 años, y que compartió con su hija y socia, hasta que decidió abocarse a su pasión desde siempre.

- ¿Cómo era trabajar junto a ella?

- Como éramos socios, la obra se componía de dos partes: yo me encargaba de la parte gruesa, de manejar al personal, excavaciones, algo de albañilería, las compras de insumos. Mi hija estaba en la parte artística, porque ella es pintora y escultora. Viendo que los años se me veían encima, hace 15 años atrás le dije: "Yo te quiero regalar la empresa que fundé, porque me quiero dedicar desde ahora hasta que me muera a bailar".

- ¿Dedicarse al tango fue una decisión que la tuvo que meditar mucho tiempo?

- Sí, lo pensé mucho, y hablé con mi familia. Lo primero que me preguntaron fue si iba a vivir del tango. Les dije que el tango no da para vivir, pero sumé y me di cuenta que puedo tener lo que quiero hasta que me muera sin necesitar de nadie, para evitar reproches. Por eso hice los números bien hechos y tomé la decisión. Primero fue resistida un poquito, porque el tango se relacionaba siempre con el cabaret, el cafisho, el prostíbulo... Siempre fue mal visto. Pero eso fue cambiando y mi familia me acompaña porque me ve muy contento con lo que hago.

Con el apoyo de su familia, y el entusiasmo de poder enseñar sus conocimientos y habilidades en la pista, Armandito se calzó los zapatos de baile y se animó a cambiar su rutina diaria y su estilo de vida para abocarse a su labor como docente.

Se enorgullece al hablar de su matrimonio, y declara que está enamorado de su mujer, una artista plástica con la que se casó hace 56 años, hecho que se toma con mucho humor: “Ya pasé por las bolas de oro y ahora voy por las bolas de diamante, que son 60 años de casado” (risas). Se considera un referente casi único en el ambiente, “porque a pesar del tango pude conservar una misma mujer y formar una linda familia”.

- ¿Por qué eso es algo tan particular en el ambiente del tango?

- Porque me supe cuidar. Es como entrar en un gallinero y es muy difícil que uno no se ensucie. Sin embargo, uno puede estar ahí, y entrar y salir sin ensuciarse, pero con mucho cuidado. Porque lo que no me gustaría que me hiciera mi mujer, yo no se lo quería hacer a ella. Eso fue lo que me permitió conservar la mujer que tengo.

Los cuadros de su esposa adornan las paredes que conforman la pista de baile del Centro Cultural San Pedro Telmo, ubicado a metros del Parque Lezama, donde Armando enseña las técnicas del 2 x 4 de lunes a jueves, y los domingos ofrece una clase abierta y grupal, en la que sus alumnos demuestran sus habilidades a los visitantes de la reconocida feria de la calle Defensa.

A pesar de su trayectoria como docente, Armandito no se considera como tal: “El mejor maestro del tango, es la práctica. El tango es una música imposible de bailar sin sentimiento. Quiere decir que si para bailar tango hay que poner un sentimiento, los que dicen que son maestros, mienten, porque los sentimientos no se pueden enseñar. Yo no puedo enseñar el sentimiento que hay que poner para bailar tango, eso nace en cada uno. A mí me dicen que soy maestro, pero no lo digo yo eh!, me lo dicen ellos”.

- ¿Usted cómo se autoconsidera?

- Yo me considero un entrenador, un instructor. Yo enseño figuras, técnicas, ejercicios, y con todo eso se puede bailar, pero el sentimiento, lo verdadero del tango, aparece cuando uno lo coloca. Por eso es que las vivencias están en el cuerpo, pero lo tiene que sentir cada uno.

Armando aprovecha el creciente interés de los turistas que vienen en busca del verdadero tango argentino, ansiosos por aprender algunas figuras del 2 x 4 para mostrar en sus países natales. El boom del tango en el exterior es tal que se organizan competencias y festivales que hasta pueden durar varios días, a los cuales se inscriben gran cantidad de participantes de una variada gama de nacionalidades. Los aprendices extranjeros pagan hasta $100 por clase para conocer los movimientos que les permitan lucirse en alguna de las tantas milongas porteñas que se reparten por distintos barrios de la Ciudad de Buenos Aires.

La inevitable tendencia de los extranjeros a relacionar a los argentinos con el tango, llevó a Armandito a dar clases en el Congreso de la Nación: “los legisladores que viajan a todo el mundo por distintas razones, se encontraron que ahora llega una delegación de argentinos a una recepción, a un cóctel o a una reunión ¡les piden que bailen tango! y claro, arrugan porque no saben”. Todos los viernes les enseña a diputados y senadores de entre 40 y 70 años, a aprender los movimientos tangueros que tan solicitados son en el exterior del país.

Aún se sorprende al comparar el interés de los extranjeros con el de los argentinos por la típica danza porteña: “a pesar de la gran movida que hay en Europa y Estados Unidos, muchos argentinos viendo, leyendo lo que está pasando allá, piensan: '¿Qué le vieron de importante?' y yo les contesto: 'Busquen de ver ustedes dónde esta la importancia del tango'. Hay que empezar a bailar.”

Teniendo pleno conocimiento de que “sólo una pequeña parte de los argentinos lo bailan”, expresa que “es lamentable que uno vaya a una reunión, o a un casamiento, y todos salgan a bailar el carnaval carioca, las mesas quedan vacías. Pero cuando ponen un tango, todo el mundo se va a sentar y la pista queda vacía.”

-¿Por qué cree que la gente no se le anima al tango?

- Porque el argentino no lo tomó al tango todavía. Por eso es que yo les digo a mis alumnos, que un beneficio muy grande es precisamente ese, que cuando todos se borraron, ellos se quedan en la pista, porque saben bailar. Van a ser la admiración de todos, y van a tener la satisfacción propia de haber aprendido y saber bailar el tango.

Los sábados, Armando da clases de tango en el Hospital Británico para personas mayores de 60 años, en el marco de un programa llamado “Vivir la vejez plenamente”, ideado y coordinado por una de sus nietas que es psicóloga. Los asociados al plan de salud del hospital se acercan por curiosidad, y luego de las primeras clases su entusiasmo es tal que tienen como objetivo demostrar que a pesar de su edad, es posible aprender a bailar tango. “Estoy en esa tarea que me encanta. La hago con mucha vocación y amor en el corazón”.

A lo largo de la charla, Armando despliega su amplio abanico de conocimientos acerca del tango, porque es parte de la historia que lo conforma. Y no repara en modestias para admitir que es admirado por alumnos, espectadores y otros profesores de tango.

- ¿Cómo se lleva con sus colegas?

- Mis colegas están fascinados, y soy un gran referente para ellos porque a esta edad se puede hacer lo que yo hago. Yo no voy a competir con ninguno de ellos, no puedo competir con la juventud ni con mis colegas. Yo lo que les puedo decir es que a los 80 años, bailo. Y ellos saben como bailo, por eso me aprecian mucho, simpatizan conmigo, me dicen: "Ojalá que yo a los 80 años pueda bailar como vos". Soy un ejemplo para muchos.

Siempre sosteniendo una mirada intensa, asegura que no se arrepiente para nada de haber dejado el paisajismo por el tango: “Tomé esa decisión porque pensé que con el tango sólo iba a disfrutar de lo que me gusta hacer. Pero me encontré con una veta económica, porque me está yendo muy bien como docente. Fue algo inesperado. Uno toma decisiones, a veces acertadas y otras desacertadas. Y yo acerté”.

martes, 11 de noviembre de 2008

Crónica de Leandro Viggiani

Leandro Viggiani

Crónica de investigación.

De mochilas, redacciones y cultura

Tocan el timbre desde la planta baja. Walter va hacia el portero eléctrico. Su mirada denota una profunda ansiedad, como si detrás de ese pequeño dispositivo estuviese la suma de todas las felicidades.

―Jaime ¿sos vos, no? ―Walter se adelantó a la voz que tocaba

―Baja rápido que tengo el camión en la puerta, los muchachos no tienen mucho tiempo así que activa que hay que subir unas cuantas cajas.

Transcurro cinco largos minutos sentado en mi sillón de entrevistador, en medio de pilas y más pilas de revistas. A mi derecha en sus respectivos escritorios dos pomposas computadoras, debajo unos cuantos comics de Asterix y Obelix apilados. Desde afuera se oyen los pasos, la puerta y allí el famoso Jaime.

― El es un lector nuestro, nos vino a hacer una entrevista, así que dejamos todo acá apilado y mañana empezamos a distribuir.

Jaime saluda estrechándome su mano izquierda (la derecha está aún repleta de revistas) y se despide aludiendo temas personales. En tanto Walter mira fascinado la foto de un Agustín Tosco retratado en una especie de sepia.

―Bueno ya la miraré más adelante, hagamos la entrevista así te liberamos.

Es la calle Sáenz en Lomas de Zamora, allí funciona Sudestada, una de las pocas revistas culturales que actúan en el campo del saber cultural y que además lo hacen desde la periferia, en el lejano conurbano bonaerense, de allí su nombre, de allí la paradoja.

Sudestada, creada en el 2001 en el marco de la profunda crisis socioeconómica que azotó tierras argentinas se autoproclama como una publicación de carácter cultural, auto sostenida y de alcance nacional. Para 1998 un grupo de flamantes comunicadores sociales egresados de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora comienza a cuestionarse el sentido del periodista, su rol social, su implicancia en procesos políticos. Ante la resistencia frente a los medios masivos de comunicación y sus formas de construir agenda, Ignacio Portella, Walter Marini y Hugo Montero deciden emprender el que sería el viaje de sus vidas: Sudestada. Con un reducido presupuesto, con no muchos más recursos humanos la revista publica su primer ejemplar en agosto de 2001. Desde allí 73 ejemplares mensuales ininterrumpidos constituyen su flagrante producción. Sudestada es un colectivo de trabajo. Detrás de su trío fundador, cuenta con 15 colaboradores permanentes. El plantel se completa con el diagramador y dos asistentes de fotografía. Las participaciones de todos ellos (que en casi todos los casos son periodistas recibidos) son ad honorem, el colectivo Sudestada no produce plusvalía. La revista se distribuye por más de 200 puestos de diarios y revistas ubicados en los tres puntos cardinales del conurbano bonaerense y en Capital Federal.

Walter toma mate en un pequeño posillo de metal, detrás de él todo un cuarto repleto de revistas, libros computadoras y hasta una cama. En tono de excusa me dice:

―El problema es que el diagramador que nos da una mano es de Morón, entonces el día antes de la entrega del crudo de la revista se queda a dormir directamente acá, no se va a volver para allá.

Mientras habla, Walter no puede dejar de ojear el flamante número de la revista.

―Así es todo acá, ¿o vos te crees que a nosotros nos distribuye una empresa? A nosotros nos llega la revista y ahí empieza el trabajo de verdad. Nos cargamos las mochilas y arrancamos. Por ejemplo a mi me toca la zona del oeste del conurbano, y en Haedo voy en un tren que pasa cada media hora, entonces con el canillita de la estación ya tenemos todo combinado, le dejo las revistas y me termino subiendo con el tren en movimiento, así es todo.

Decir revista cultural en Argentina es atravesar una basta historia de publicaciones que han sabido configurar y delinear una serie de reivindicaciones en torno a la cuestión político-social. Caras y Caretas (1898) fue la primera de las publicaciones nacionales en donde se pone en juego la cuestión de la cultura. Autodefinida como un "semanario festivo, literario, artístico y de actualidades” Caras y Caretas redefinía la actualidad política, literaria y social recurriendo a una serie de recursos no utilizados desde la prensa argentina hasta ese momento: cromos, fotograbados y fantásticas ilustraciones. La primera revista cultural de Argentina tiene una peculiaridad que la distingue de la actual situación de las producciones culturales: su alto grado de popularidad, lectura para muchos. Luego llegarían Martín Fierro (1924), Sur (1931) y Contorno (1957) para completar la oferta cultural de la primera mitad del siglo.

Pienso en la revista cultural, como definirla, como diferenciarla de otras publicaciones. Walter se queda pensando unos segundos sentado en su silla. Parece no tener una respuesta clara. En eso el ruido de llave anuncia que alguien está por entrar a la redacción.

―Jajaja, suerte que viniste Hugo, este muchacho me había puesto contra las cuerdas.

Hugo Montero tiene unos 30 años, es delgado, alto y habla con una claridad que asusta. Walter le traslada la pregunta. Hugo piensa mientras toma un mate que hace rato está lavado.

―Nosotros nos autoproclamamos como una revista cultural, pensamos que lo somos. El problema pasa por las taxonomías, por la necesidad de crear un género que las agrupe, por el intento de definir aquello que debe ser cultural frente a lo que no es, con la triste y penosa finalidad de generar una forma de intervenir ideológicamente sobre lo dicho. ¿Vos querés entender lo que es para nosotros una revista cultural? Te invito a la reunión del viernes.

Asiento con la cabeza, el viernes iba estar nuevamente allí. La procesión va por dentro y mis preguntas alrededor de la cultura parecen no tener fin.

Con la llegada de los militares al poder en 1976 la cuestión de la revista cultural cambia radicalmente su posición frente al campo de la industria cultural. El gobierno de facto desarrolla un fuerte dispositivo de censura y represión sobre la sociedad en general y sobre el espacio político cultural en particular. La historia y su tragedia archicontada cambia por completo el rol del periodista crítico. La producción alternativa parece ser la única opción. Es entonces cuando se profundiza el fenómeno de la prensa subterránea. Punto de Vista (1978), Nova Arte (1978), Ulises (1978), El Ornitorrinco (1977) son algunas de las publicaciones del período, todas ellas de escaso tiraje (no más de mil ejemplares) y todas de corta duración en razón de la intensa represión sobre periodistas y quiosqueros que frecuentemente eran sometidos a requisas. En la década del 70, en pleno gobierno peronista es cuando surge la revista que marcará por completo el futuro de todas las publicaciones alternativas en Argentina: Crisis (1973). Con Eduardo Galeano como director editorial y Juan Gelman entre sus redactores, la revista adquiere una estética vinculada con “lo rioplatense” que se transformará en eje de discusión sobre aquello que sucedía en literatura, política y sociedad en los 70.

―Crisis, ves por ejemplo crisis es una revista cultural- Walter parecía obsesionado con la respuesta a una pregunta que con el correr de los minutos se transformó en muy polémica.

―Nosotros no recibimos apoyo de ningún tipo, tiramos alrededor de 2000 ejemplares por mes. La única publicidad es la editorial que nos hace la impresión, que en realidad es una cooperativa. Por eso te digo que no ganamos plata con eso, el vuelto está cuando ahora tengo la revista en mis manos. Hacer esta revista es tener una voz, queremos decir algo y agotamos los medios para concretarlo.

Viernes, nueve de la noche, me dirijo a la redacción. Me abre Jaime, le recuerdo quien soy y entro. Subo las escaleras hasta llegar a la sala de discusión, que no casualmente es el mismo lugar que la sala de redacción. Alrededor de la mesa redonda puesta para la ocasión veo a Walter, a su lado está Hugo. La reunión se completa con Martín Latorraca, Ignacio Portella y Mariano Garrido. Walter me acomoda una silla entre él y Hugo. La discusión está por arrancar. Hugo toma la palabra y en un tono cancino habla de una historia que se contará sola, el resto escucha

―Es la historia de un proceso histórico que me obsesiona y nunca hemos contado, y Octubre creo que es el mes- mientras Hugo habla no hay lugar para bromas- Concretamente es la revolución rusa. Se hablo mucho de eso, poco se dijo sobre como Stálin derrota a Trosky. La perspectiva histórica se va a volver fundamental. Contamos con el testimonio de Andrés Rivera y de Gabriel García Higueras, un historiador peruano. Ellos dos nos van a enriquecer el relato. Propongo que ese sea el tema de tapa. ¿Están de acuerdo?

Jaime agrega que el también tenía ganas de hacer algo por el estilo, hasta se anima a pensar sobre la estética de la futura tapa. Walter menciona la posibilidad de concertar una entrevista con Pablo Reyero, un conocido documentalista audiovisual. Así paso por paso parece armarse el nuevo número que está por venir, cuando aún falta mucho para mediados de Octubre, cuando la revista de Septiembre no se ha terminado de distribuir. Eso es una revista cultural. La reunión con unas cervezas de por medio, distribuye las tareas “periodísticas” entre los presentes y se extiende por unas dos horas en las que no se produce ninguna discusión importante. Son las 11 de la noche y la mesa empieza a levantarse. Nos dirigimos a la puerta, Hugo es el único que se queda, dice que quiere empezar a escribir algo.

La noche es ventosa y Lomas parece tener poco que contar. Me quedo unos minutos más en la puerta con Walter.

―Y, ¿qué te pareció la reunión?

Le contesto lo que fue: una revelación. La cultura puesta sobre una mesa, un grupo de personas discutiendo sobre Trosky y Stalin, todo eso gratis. Y ahí está la cultura, en esta revista que mal que le pese a Hugo es sin lugar a dudas cultural. Ya pasaron etapas de revistas subterráneas donde todo había que esconderlo. En tiempo actuales hasta existe la Asociación Argentina de Revistas Culturales que las nuclea y vela por sus intereses. En los últimos meses se organizó un Congreso de Revistas Culturales en Resistencia, Chaco, en donde fueron la mayoría de las revistas que circulan actualmente, donde estuvo Sudestada.

Ya casi con los ojos vidriosos Walter me agrega:

― ¿Sabés lo que pasa? Por acá transcurre mi vida. Sudestada es todo lo que quiero para seguir. A pesar de los obstáculos, a pesar de horas y horas con 100 revistas en la espalda, a pesar de eso quiero seguir. Verle la revista enrollada en la mochila a un tipo que viene de laburar es todo lo que necesito. No pido más.

Reflexión sobre la crónica del Daniela Merlano

Reflexión sobre el género crónica

Cuando empezamos a tratar el tema de esto que en periodismo llamamos crónicas o notas de investigación, me encontré con universo que no conocía del todo, contaba con una idea parcial de lo que implicaba una crònica , es decir asociaba a el género a un trabajo más técnico con un fin meramente informativo.

Leyendo “El relato de los hechos” de Ana María Amar Sánchez, comencé a problematizar los preconceptos que tenía acerca de las crónicas, seguramente por mi inexperiencia sobre esta cuestión.

La autora hace una referencia al surgimiento del género de no ficción, informando que surgió en Estados Unidos hacia el año 1960 , como respuesta a una crisis que estaba atravesando el “viejo periodismo”, que por esos años estaba desgastado y se lo consideraba convencional. Surge el “nuevo periodismo”, con la intención que pueda ser leído como una novela, empleando técnicas propias de la narrativa .En definitiva, apuntar a un periodismo literario. El surgimiento de este género suscitó las voces de los críticos que veían este nuevo género como una amenaza para el tradicionalismo literario y periodístico, señalando el conflicto que implicaba sostener un equilibrio entre ambos.

El problema central que planteaba la no ficción en ese momento, era el contacto con la realidad y con la verdad de los hechos. El vínculo que comenzó a establecerse de la no- ficción con los medios posicionaba al género en un lugar sospechoso.

Para abordar el tema la autora va a profundizar sobre el género no ficción presentándolo como un campo problemático, del cual se desprende cierta tensión “los relatos de no ficción, testimoniales, no son simplemente transcripciones de hechos más o menos significativos, por el contrario plantean una cantidad de problemas teóricos debido a la peculiar relación que establecen entre lo real y la ficción, entre lo testimonial y su construcción narrativa”

Amar Sánchez destaca varias cuestiones acerca del género: tiene como premisa un material que debe ser respetado, registros como grabaciones, documentos y testimonios comprobables que no pueden ser modificados por exigencias del relato. El contenido es el resultado de una producción que cuenta con una mezcla de material más narración, los textos tienen una lógica interna que construye la subjetividad de otra realidad percibida por el cronista que pone en juego la credibilidad del contenido.

En el prefacio de Música para Camaleones Truman Capote, precursor del genero de no ficción, da testimonio de las repercusiones que tuvieron sus primeros trabajos en este campo, al cual el lo consideraba virgen por esos años. “Yo quería escribir una novela periodística, algo que en mayor escala que tuviera la verosimilitud de los hechos reales, la calidad de inmediato de una película cinematográfica, la profundidad y la libertad de una prosa y la precisión de la poesía. Finalmente inspirado en caso de asesinato en Kansas, publicó su resultado y debió en enfrentar varias críticas en aquella época que rechazaban la idea de novela verídica y en algunos sectores la calificaban como un “fracaso de la imaginación”.

Como relata en el prefacio Capote debió enfrentar una larga crisis en su labor como escritor, en la que planteaba el hecho de que a pesar de hacer obras con buenos resultados aún no había podido optimizar todos los recursos que poseía del arte de escribir, todo lo que había aprendido del arte de la literatura, de libretos de obras teatrales, de reportajes poesías y novelas. Otra cosa que se planteo, es por que nunca estaba presente en las historias que relataba, expresando que el periodista tiene que entrar en la obra como personaje, como observador testigo, si es que quiere mantener a la historia dentro del plano de lo verosímil. Me pareció un buen consejo para aplicar a mi crónica y en busca de conceptos para armar la escritura y aclarar los objetivos de mi trabajo tome las reflexiones de Ulibarri en Una Arquitectura viva “Un periodista es un investigador, un indagador, un coleccionista de datos y significados, un relator de experiencias y es también un escritor.”

En cuanto a mi experiencia personal, lo viví como una aventura desde que entré al lugar en primera instancia para realizar la entrevista inicial. Luego las cosas se tronaron más complejas, había que juntar diferentes testimonios para exponer diversas voces para que el trabajo tome forma. Una vez que junte los testimonios y diferentes fuentes de información, la satisfacción fue muy grande pero enseguida el miedo de no saber bien que hacer con todo eso se apoderó de mí, hasta que un “click” me indicò que llegó el momento crucial: es hora de escribir

Finalmente me queda destacar unas reflexiones muy interesantes publicadas en la recopilación de Maximiliano Tomás del libro “La Argentina Crónica”

Prólogo: Martín Caparrós

“La crónica es una mezcla, en proporciones tornadizas, de mirada y escritura. Mirar es central para el cronista- mirar en el sentido fuerte. Mirar y ver se han confundido, ya pocos saben cuál es cuál. Pero entre ver y mirar hay una diferencia radical”.

Me parece una definición sencilla pero de gran sabiduría. Creo que Martín Caparrós aportó una mirada aguda y crítica para puntualizar como esta posicionado el género en nuestra actualidad.

También hace hincapié en el trabajo minucioso y la mirada extrema que no le debe faltar al cronista. Señala que “ver” es diferente a “mirar”.Esta reflexión abre un abanico de problemáticas que se desprenden de los trabajos periodísticos que circulan por los multimediass.

Para concluir me queda agregar y adherir a la causa de que en la mayoría de nuestros medios gráficos como también en los más actuales medios digitales, lamentablemente, la crónica se ha convertido en un género en extinción.

Cita de Gonzalo Sánchez (Crónica: Los dueños del fin del mundo)

“La academia dirá que la crónica es una variante del periodismo llano y que se propone contar un hecho noticioso – un fenómeno, un suceso, un personaje- valiéndose de elementos de la narrativa. Pero mejor así: es prosa nerviosa, urgente y severa, afectada por la potencia de la realidad y escrita desde adentro: como vivida. Yo, cronista, estoy en medio de la crónica, la camino. Entro en la historia, la padezco, me enojo, sudo, salgo, vuelvo a entrar y la expulso como me viene. Alguien dijo que era literatura bajo presión; yo digo que es periodismo sin cáscaras”.

Es la definición de crónica que más me gusta. Me parece una pequeña tesis del género que engloba un sentimiento muy fuerte y vocacional con respecto a la labor periodística del cronista. Quizás, en lo personal, todavía no logro despojarme de lo que Gonzalo Sánchez parece mirar desde arriba, esa “literatura bajo presión”, pero creo que más allá de nuestras subjetivas aptitudes, la crónica lleva un proceso de construcción, dedicación y aprendizaje que puede ir perfeccionándose con la experiencia.

Cita de Cristian Alarcón (Crónica: Un día en la vida de pepita la Pistolera)

“La Crónica es una versión insospechada de lo real “

Esta breve definición de crónica invita a pensar varias cuestiones que tienen que ver con la mirada, con la reconstrucción de los hechos, con lo sorprendente que puede llegar a ser sumergirse en un mundo desconocido y descubrir un abismo de vivencias, sucesos, hechos, personajes y circunstancias que uno jamás hubiera imaginado.

viernes, 7 de noviembre de 2008

Crónica cultural de Juan Pablo Urcola

U. N. Q. Seminario y Taller de Escritura Urcola, Juan Pablo

Crónica 1

Tres filósofos en el zoológico

Mi casa estaba llena de gente. Vecinos, tíos, primos, amigos, la habían invadido. Raquel Santander cumplía 52 años y no estaba sola, la acompañaban todo este enjambre de personas que no paraban de hablar un solo segundo. Cuando nadie se lo esperaba y utilizando mis métodos de escapismo desaparecí de la fiesta y tomé un bondi rumbo a Palermo. Pero claro, no era mi mejor día de suerte, el destino quería que estuviera acompañado y que un modo u otro sociabilizara con las muchedumbres. El bondi estaba hasta la coronilla, no cabía ni un alfiler. Entre apretujones, codazos, pataditas piadosas y sonrisitas falsas de :─ ¡Ay disculpe!─ pude llegar al zoológico. Cuando bajé todo se transformó, el cielo gris y tenebroso cambió por completo y se tornó celeste intenso con algunas pinceladas de nubes blancas, el aire contaminado por las más de 40 personas que llevaba el colectivo y que además esta herméticamente sellado pasó a ser puro, limpio y con olor a garrapiñadas de una tarde de domingo en Palermo. No sé si es el barrio, el botánico o qué pero cada vez que voy siento el mismo aroma.

Caminando por Sarmiento, encontré el Teatro que lleva ese nombre, el del prócer de las aulas, ya que estaba miré la cartelera y entre las muchas obras que se presentaban me llamo la atención una cuyo título se componía de una de las más célebres profesiones desarrollada por los griegos y una moda un tanto peculiar masculina. La obra se titulaba : “Tres filósofos con bigotes”. Entré para comprar las entradas pero la recepción estaba vacía. Como muchacho de pueblo chico, llamé con un silbido y golpeando las manos para que se dignaran a atenderme, y taconeando rapidito apareció María Elena.

* * *

María Elena es una mujer de mediana estatura, tez trigueña y con canas blancas que deja ver entre sus cabellos teñidos de rubio. Porta unos grandes anteojos de vampireza, constituidos con cristales de vidrio de botella y un gran marco dorado terminando en puntas que señalan vaya uno a saber que cosa.

─ Buenas tardes, no te vi entrar ─ me dijo asombrada.

─ No. Está bien. No hay problemas.

─ Soy Maria Elena, ¿qué necesitas?

─ En realidad vine a comprar entradas para la función del viernes, creo que es la de “Los tres filósofos con bigotes”. ─ contesté.

─ Ah, sí son maravillosos los muchachos, te digo la verdad, de todas es la que más me gusta y no es porque uno de los actores es amigo mío, no. ¿Cuántas entradas?

─ Cinco.

─ ¿Cinco? ─ se volvió a sorprender.

─ Sí cinco, una es para mí y las otros para unos compañeros que me las encargaron.

─ Grandioso, buenísimo. Son $ 150. ─ mientras me contaba que después de la función habría “unos copetines”, se acomodaba esos anteojos a abeja reina que por su gran peso se les caían a cada rato.

Luego de despedirme amablemente, y de observar un poco el lugar, volví a mi casa. El gentío todavía estaba firme como rulo de estatua, ninguno se había ido. ─ ¿La gente no tiene nada que hacer los domingos? ¡Cuándo llegaría el viernes!

* * *

Pasado el lapso de cinco días, llegó por fin el viernes. Un viernes más, lleno de cosas por hacer. No se por qué pero se me junta todo para el viernes. Leer textos, ir a la universidad, limpiar mi casa, lavar la ropa, regar las plantas, ir a jugar al fulbol con los muchachos, revisar los mails y además ¿ir al teatro? Pero bueno, si hacía mucho que no pisaba uno, ir una vez cada dos por tres está bien, por lo menos uno sale de la monotonía de hacer siempre lo mismo.

Era un día primaveral, pero con un poco de viento de más para mi gusto, llegué a la universidad y les conté a todos los que me preguntaban por qué estaba así vestido que se debía a que por la noche tenía entradas para una función de teatro.

─ ¿De teatro? ─ me decían todos.

─ Sí, de teatro ─ les contestaba, como si fuera cosa de otro mundo, che.

A las 19:15 salí de la universidad y tomé el colectivo con destino a Capital Federal. Deseaba llegar temprano para poder ver cual era la movida, haber si era movidita, movidita , movediza o no se movía nada.

Luego de deambular por los pasillos del subte de la línea D y de por fin encontrar el andén correcto, tomé este medio de transporte y llegué a Palermo a las 8:45. A las 8:48 ya estaba en la puerta del Teatro Sarmiento, es que soy de zancos ligeros. Observé que ya había gente esperando, gente de todas las edades, pero no inferior a los 18 años. Parejas, novios, matrimonios, amigos, jóvenes, viejos, viejas, compañeros de facultad, en fin mucha gente que conversaba sin parar vaya uno a saber qué cosas. Yo me acerqué a María Elena, que estaba en la ventanilla de entradas, la saludé, aunque la mosca emperatriz no me recordaba y le pregunté si faltaba mucho para que empezara la función.

─ Menos cinco, da comienzo caballero ─ me dijo.

─ Gracias, “extraña dama” ─ le respondí.

Puntuales, abrieron la sala y la gente y yo entramos. Me senté en una butaca no muy lejos del escenario, pero tampoco muy cerca porque pensé que no iba ser cosa que los actores sean de éstos que hacen participar al público y me hagan hacer cualquier gansada. Los tipos eran tres, claro como el título de la obra lo menciona; estaban tirando flechas al blanco, impactante. La obra ya había empezado, así nomás, antes que todos se ubicaran en sus asientos.

─ El mejor método para tirar una fecha y pegar en el blanco es no pensar ─ proclamaba a viva voz uno de los actores y cerraba los ojos y tiraba una flecha.

─ No ─ replicaba otro ─ lo mejor es usar la razón y dejar que la razón domine la situación.

─ Pero no Eduardo, la razón no te deja pensar, una vez que te dejás invadir por ella te destruye ─ gritaba el tercero.

La primera media hora de la función giró entorno a debatir filosóficamente el mejor método de cómo tirar una flecha y no errar al blanco. Claro, los tres personajes a demás de actores eran filósofos y estaban en su salsa. Una canción interrumpe todo, creo que era la de Leo Dan, la que dice, ….lalalalaaala….. ella estudia filosofía…… lalalara, yaralala, la, … yo en mi casa y ella en el bar, yo en mi casa y ella en el bar… Mientras sonaba el tema, los tres tipos empezaron a dar vueltas alrededor de una mesa, chasqueando los dedos. De pronto todo paró y quedó en silencio. Se sentaron y las luces menguaron. Uno de ellos, Eduardo, empezó a recitar en latín un fragmento de Sócrates, de Platón .

─ ¡Basta! ─ gritó Alfredo.

Eduardo guardó el relato en su bolsillo y los tres nuevamente empezaron a tirar al blanco. El debate seguía siendo el mismo, pero el tema en este caso era si la razón era oscura o luminosa.

─ La razón se oculta, es oscura, no irradia luz, se compone de tinieblas ─ tiraba una flecha y anotaba cuantos puntos había hecho.

─ No Leo, porque si la razón es oscura como vos decís, por qué se fundamente en el iluminismo.

─ Tanto Rodolfo como Leo están equivocados. Sentémonos y debatamos ─ dijo Eduardo.

* * *

Eduardo Osswald, Leonardo Sacco y Alfredo Tzveibel son tres amigos profesores universitarios de Filosofía de la Universidad de Buenos Aires, que tomaron como profesión adjunta la actuación.

─ Es un desafío muy grande ─ me comentaba Leonardo, luego de la función ─ pero cualquier persona que se lo proponga lo puede conseguir. Todos podemos actuar sea cual fuese la profesión a la cual nos dedicamos.

Leonardo es canoso, muy canoso, tiene una barriga prominente y una nariz que llama la atención. Es uno de los tres filósofos con bigotes y uno de los más jóvenes pero con muchas horas de facultad encima. Es el más gracioso de los tres y el que llena de dinamismo la obra, trata de no dejar espacios en blanco y siempre da el pie conductor a todo lo que se dice en la obra, que por cierto el relato teatral es todo improvisado.

─ Como se habrán dado cuenta, la juventud lo ayuda, auque sus pelos no reflejen lo mismo ─ comenta Eduardo durante el copetín.

Eduardo es el más filósofo de todos, su vocación se refleja a todo momento. Flaco, alto y con poco pelo en su cabeza, desarrolla los temas que se hablan durante la obra con una profundidad veraz.

─ Pero el más veterano soy yo, no sé si ya se dieron cuenta ─ comenta Alfredo.

Alfredo es el más viejo de los tres, con sus 76 años, es el más querido de entre sus compañeros. Es alto, muy flaco, un poco encorvado y ya no se cuentan pelos en su cabeza a diferencia de sus colegas actores.


* * *

Un nuevo viejo tema interrumpe la función otra vez, no sé el nombre del tema ni tampoco quien lo canta, pero es muy pegadiza. Dejan el arco y las flechas a un costado y cada uno se sienta en una silla frente al público. Siguen discutiendo el tema de la razón y su vinculación con la oscuridad. De pronto se apagan todas las luces y la sala queda a oscuras, solo se oye a los tres discutiendo y lo hacen como por cinco minutos

─ La razón es oscura, Alfredo.

─ No Eduardo es luz.

─ Que no.

─ Que sí.

─ Que no te digo.

Un solo foco ilumina a los tres, se callan y Leonardo se para , se pone frente al público bien cerca y dice :

─ Mis padres eran muy apasionados, he aquí una carta que mi padre escribe a mi madre en febrero de 1947. ─ Leo, se pone a leer en voz alta entre risas y carcajadas del público por aquellas palabras tan melosas y ardientes de aquella carta. Se sienta.

Se para Eduardo y dice:

─ Mis abuelos eran paraguayos y desde chico en mi casa se escuchaba este tipo de música ─ se oye por los parlantes Pájaro Cantor tocado con arpas. Eduardo agarra a Alfredo y se ponen a bailar. Luego de unos minutos se sientan y es ahora Alfredo quien dice:

─ Cuando estaba en el primer años de facultad milité en un partido revolucionario de izquierda y en mi primer día como delegado un compañero me envió a una misión que tenía que cumplir sin chistar, la misma consistía en llevar tres granadas molotov en colectivo al lugar donde se realizaría una marcha del movimiento. Así que puse las bombas en una bolsa de almacén, me subí al colectivo y fui. En la bolsa llevaba tres granadas molotov, el libro rojo de Mao y el boleto de colectivo.

* * *

Fue entonces cuando me di cuenta que lo que decían en verdad era parte de sus vidas. Los relatos que los tres hombres contaron, alguna vez, sucedieron tal cual ellos los describieron. De repente y sin aviso muchos momento intensos ya marchitos de mi vida reflorecieron en mi mente y me trasportaron a aquella tarde de domingo, saliendo de la iglesia con mis abuelos, a aquella noche de invierno en que nació mi hermana, mi única hermana. Me acordé de las tardes de primavera en Zárate pescando con mi viejo, de la primera vez que me puse el guardapolvo banco para empezar primer grado, de lo enojada que se puso mi tía Margarita cuando le vomité el helado de chocolate en su vestido floreado, de mis novias, de lo feliz que me puse cuando me pagaron mi primer sueldo. Estos y muchos otros recuerdos vinieron a mí. Mi mente pasó a ser el escenario, los recuerdos los argumentos de la obra y los personajes de esos hechos incluido yo, los actores.

Los tres filósofos habían cumplido su cometido, me habían introducido en un biodrama, un género teatral que consiste en contar parte de la vida cotidiana y propia a modo de obra de teatro. Pero esta vez era mi biodrama, el de mi vida.

* * *

Estoy nervioso, ansioso, un poco asustado ─ bueno los estrenos son así ─ estuve todo el día esperando este momento y ya es ese momento. Que sea lo que Dios quiera. Ya tengo que salir.

* * *

La función está por empezar, se bajan las luces, se hace silencio y se abre el telón…

Reflexión sobre la crónica de Martín Barni

Reflexión propia del género

Martín Barni

Debo confesar que a lo largo de mi vida he hablado sobre las crónicas sin tener noción de lo que realmente significan. “La crónica, eso que aparece en algunas revistas” ¿Qué leía cuando leía alguna? ¿Estaba en presencia una entrevista o un relato? ¿Me informaba o me entretenía?

He descubierto a lo largo de este período que las cosas no son tan simples como parecen. La crónica es un género raro en su génesis, algo que jamás advertí. No soy un recurrente lector de crónicas ni lo seré. Agradezco y mucho la posibilidad de haber podido indagar y conocer a pleno las bondades que ofrece el género, y descubrir que existe algo entremedio de un informe periodístico y una narración literaria, que se puede informar y entretener a la vez. Personalmente no me atraen las crónicas serias, aquellas mas cercanas a la investigación que a lo ficcional; prefiero aquellas con mas guirnaldas que árbol de navidad. Soy amante de la literatura, es hora de confesarlo.

La crónica es un género que me ha resultado entretenido escribirlo mas que leerlo. Es como ocurre en muchos órdenes de la vida, si el tema que trata la crónica no es de nuestro agrado, nos resultará pesada. Cuando la escribo no siento desagrado alguno porque en el caso de la crónica de investigación, trataba sobre un tema en el cual me encontraba involucrado. En cambio, no me resulta atractivo leer crónicas sobre temas que jamás despertaron ni despertarán en mi interés alguno.

Al ser un acto tan personal, como lector me siento identificado con aquellas crónicas con las cuales comparto la visión del cronista. He notado que aquellas que he leído y me han gustado, es porque el cronista comprendía los hechos de la misma forma en los vería yo si estuviese en su lugar y lo relata por entonces, de la misma forma en que quizás yo podría haberlo hecho. En lo personal, sentí mayor comodidad escribiendo una crónica sobre una salida al teatro que aquella que comprendía una investigación. Creo que realmente no tengo propensión natural para escribir crónicas profundas y serias, me atraen mas aquellas que tratan sobre acontecimientos quizás banales que no profundicen sobre investigaciones penetrantes. Probablemente los resultados de la realización de ambos trabajos no sean disímiles, pero lo que relato esta relacionado mayormente con el proceso de escritura, las sensaciones como escritor.

El hecho de ser cronista ha ampliado mi mirada sobre el mundo. La crónica sobre el biodrama comenzó en el instante en que partí desde la universidad y terminó al momento de llegar a mi hogar. Lo mismo ocurrió con la profundización del tema sobre el cual había tratado mi entrevista realizada algún tiempo atrás. El alrededor me compenetraba, me absorbía; todo era útil, todo servía para contar la historia. Desde las calles, los edificios, los ruidos, los olores, las compañías, los gestos de los entrevistados, los imponderables, todo. Todo era parte de la crónica. Algunas de estas cuestiones pude plasmarlas físicamente en la escritura, otras quedaron implícitas, otras en mi recuerdo.

Agradezco a la crónica haberme aportado una nueva técnica de escritura, una nueva forma de narrar, haberme enseñado que a veces lo concreto puede tomar diversas formas; y que la realidad, puede convivir con “la realidad”.

sábado, 28 de junio de 2008

Crónica de Eduardo Guzmán

Barrio Tomado

Llegaron las noches de las sillas en la vereda; de las familias estanca­das en las puertas de sus casas; llegaron, las noches del amor sentimental de "buenas noches, vecina", el político e insinuante “¿cómo le va, don Pascual?". Y don Pascual sonríe y se atusa los "baffi", que bien sabe por qué el mocito le pregunta cómo le va. Llegaron las noches...

Roberto Arlt. Silla en la vereda.

“Permitido intervenir” dice una señal de tránsito. Una de esas con forma de rombo, fondo amarillo, contorno y letras negras. La leyenda se observa debajo de una “M” que genera cierta incertidumbre. A media cuadra, en el garaje de una casa estilo “chorizo” con ansias de ser remodelada, un joven guitarrista interpreta una obra de su autoría. Algo de tango, algo de jazz. Una señora con su bolsa de mandados cargada con lácteos y pan lactal se pierde en las notas de la guitarra. Más acá y más allá, en el barrio Meridiano V de la ciudad de La Plata, artistas de distintas disciplinas ofrecen su gracia de una manera no convencional. Es la IV Muestra Ambulante organizada por el Colectivo la Grieta.

- Nuestra consigna en esta muestra ambulante es Otra silla en la vereda, en apelación a la aguafuerte de Arlt, Silla en la vereda. La silla en la vereda es el chusmerío, pero también es la pregunta por el vecino, la oportunidad para que los chicos jueguen en la calle-. Esteban Rodríguez Alzueta es parte del colectivo La Grieta. Pelo ondulado y abundante, anteojos, bermudas y remera de nirvana. Continúa - nosotros vemos que no están los chicos jugando en la calle porque no están los viejos, porque no hay nadie mirando, cuidando, hablando: faltan técnicas colectivas de cuidado. Eso antes llegaba naturalmente porque la gente habitaba la calle. Nos interesa recrear vínculos sociales, a partir de reabrir esos espacios públicos, como espacios de encuentro. Recrear esos lazos sociales que se fueron rompiendo con la historia Argentina que nos toco vivir-.

En la carnicería de 17 entre 67 y 68, una vaca de cartón detrás de un nylon es un mapa de la provincia de Buenos Aires. Chaves está a la altura del costillar. Olavarría desdibuja la frontera entre el lomo alto y el solomillo. En la pared de la panadería de 18 entre 67 y 68, tres dibujos de facturas representan a la policía, a la iglesia y al ejército. Vigilante, bolas de fraile, cañón de dulce de leche. Más abajo el símbolo de los anarquistas pintado en fucsia. En una vitrina el motivo se repite en dos roscas de bizcocho. Un nicho de la Virgen de Luján en el hall de la ex Estacón Provincial fue modificado por Carolina de nueve años quien reemplazó la estatuilla por una muñeca de su producción.

Garajes abiertos. Talleres para grandes. Talleres para chicos. La gente se acerca. Teatro, cine, danza, música, plástica, literatura. Globos y barriletes. Rayuela, elástico y pelota. Las calles son testigo y los protagonistas se multiplican. El orden se subvierte. Permitido intervenir: el barrio está tomado.

***

- Por una muñeca me hice chiquitiiiin- Pablo Dacal y la orquesta de salón tocan en el Galpón de encomiendas y equipaje.

Una pareja baila en medio de la gente. Él es alto y desgarbado y abraza desde atrás, algo agachado, a una petisa con físico de gimnasta. Cuando termina la canción se sueltan un poco para aplaudir.

- Uh, ahí está Laura- Joaquín, amigo de la secundaria y compañero de recitales ve a su ex novia en la zona de la barra. Estudiante crónico de Derecho y violero autodidacta, se peleó con Laura hace unos cuantos veranos. Cada vez que la cruza a la noche, se va con ella. Cada vez que se va con ella, le duele la cabeza toda la semana.

- Muero de amor como al pasar pero tu voz… resiste las horas- Dacal y su guitarra se hacen cargo en soledad de este tema. La orquesta se relaja.

La petisa se da vuelta y canta mirando los ojos de su chico. Joaquín me pide la llave del auto para ir a buscar no sé qué y me pregunta si quiero un fernet. Pasan los minutos y no hay señales de él ni de mi trago. Me acerco a la barra, forcejeo amistosamente con dos chicas y pido un gin tonic. Al costado un flaco prende un porro. – ¡Juventud descarriada!- le comento a una de las chicas que me mira como si la hubiera insultado. Intuyo que el forcejeo no fue tan amistoso. Lo confirmo segundos más tarde cuando la otra, luego de conseguir su vaso de cerveza, apoya con fuerza su taco sobre mi pie izquierdo y no me pide perdón.

Después de varios temas con la orquesta, Dacal se corta de nuevo con su guitarra. Arpegios.

- Ahhhh- a la tercera nota, la que me pisó reconoce el tema. Pienso cómo la misma persona puede conmoverse con el tono intimista de “La era del sonido” y pisarme tan brutalmente. Voy a decirle algo, pero Dacal tiene razón y ya lo perdido es perdido. El recital termina y no hay señales de Joaquín. Al otro día me enteraré de lo obvio: Laura.

- A 1 y 54- le digo al taxista, aguantando el bostezo.

***

- Es tempera y acrílico – El artista plástico Sanpoggio me cuenta que esos son los materiales con los pintó la vidriera del bar Bronson en 17 y 69. Es una especie de franja que cruza todo el frente del local. Sillas, cubos, cabezas de pollitos y otros motivos.

Sanpoggio está sentado en el cordón de la vereda, comiendo un alfajor triple de chocolate. Bermuda cargo verde militar, remera blanca cruzada por una infinidad de rayitas azules a un dedo y medio de distancia entre ellas. La cerveza que uno de los chicos del bar nos alcanza está helada. Él no acepta el primer trago porque quiere terminar primero el alfajor. Es mi turno. Seguimos charlando.

- ¿Qué te parece la propuesta de la Muestra ambulante?– le pregunto.

- Es interesante. El trabajo artístico es generalmente asociado sólo a ámbitos específicos. La muestra ambulante propone su integración en un contexto social abierto en el que el barrio en sí se transforma. Una muestra donde arte, cooperación y trabajo se unen–. Su respuesta, pausada, remarca cada punto. Ahora sí toma la botella y la empina con destreza. En el transcurso de la charla alrededor de una decena de personas se detuvo frente a la vidriera del bar.

Muchas personas se detienen frente a la vidriera. Se destaca un hombre de unos sesenta años, bicicleta semicarrera, equipo deportivo, pantalón metido en las medias. Casi media hora de contemplación. Sanpoggio empieza a dudar de la profundidad de su obra y sospecha que el hombre está tomándose un respiro del pedaleo. Una chica se acerca. Rubia y bajita, jeans cortados a la altura de la rodilla. La novia de Sanpoggio. Beso en la boca. Presentación. Se llama Vanesa. Nuevo beso, esta vez más largo. Abrazo. Nuevo beso. Es el momento de irme. Me despido, con un “nos vemos” que se concretará el sábado siguiente en otro bar de la zona. Sanpoggio estará tomando una cerveza con un flaco de unos cuarenta años y pelo desprolijo. Max Cachimba.

***

- ¡Coooompre su rifa! ¡Coooompre su rifa! Este cordero que mi amigo el Ratón está asando para el número ganador- Un sulki tirado por un caballo cansado lleva al Ratón Losada y al gordo Juan Bruno por las calles de Meridiano V. Hombres del teatro under, un asador y un cordero. El olfato se apodera de mi sistema nervioso. Compró cinco números a dos pesos la unidad. El olfato se apodera del sistema nervioso de varios que ahora rodean al sulki y gritan números. De atrás se acerca Raúl para ayudar a los muchachos. Almacenero, 51 años, bigotes, calva incipiente. Jogging azul marino, remera blanca y zapatillas.

- ¡Veintidós, quiero el veintidós!- grita un pibe con la remera de Gimnasia.

- El locooo- responde Raúl.

- ¡El cincuenticuatro!- solicita una chica alta, embarazada de pocos meses.

- Mirá que es un cordero- bromea Raúl.

- ¡Para mí el cuarentisiete, viejo!- pide, Susana, su mujer.

- Me toco el izquierdo. Sos fúnebre, Su- le reprocha entre en serio y en broma el almacenero.

Los gritos se multiplican. El conocimiento de los números de la quiniela y los sueños de Raúl es total. Me acerco al gordo para preguntarle a qué hora van a hacer el sorteo.

- A eso de las diez. A esa hora más o menos va a estar listo-. El gordo es un personaje peculiar. Es actor y músico, tiene un programa de radio y milita en una agrupación barrial. Lo invito a tomar una cerveza al bar de la esquina. El Ratón y Raúl se encargan de las rifas. Con el gordo nos hicimos amigos a fuerza de asados y cumpleaños en lo de una amiga en común.

A las ocho de la noche ya casi no es de día, pero la inminencia del verano se materializa en la luz anaranjada del sol que se esconde. Muchos chicos juegan a la pelota, otros dibujan. Los menos miran a una estatua viviente.

- ¿No estás en ninguna obra de las que se presentan?- le pregunto. El año pasado junto a dos amigos realizaron una obra que se llamaba Argentina, tracción a sangre.

- No. Este año estoy con la radio. Ahora estamos con lo de cordero, pero después vamos a hacer la radio. Cargamos la pc, un pequeño grupo electrógeno y amplificadores. Hacemos la radio caminando. En realidad el sulki es para la radio. Lo usamos ahora para la rifa, pero la idea es hacer la radio ambulante-. El entusiasmo en la cara del gordo parece el de un nene al que le regalan su primera bicleta.

- ¿Alguna obra para recomendar?-.

- Si te digo te miento. No vi ninguna. Yo trataría de ver todas, hay mucha gente amiga que hace buenas cosas. Está el Cabe Mallo, el grupo del teatro aéreo. ¿Sabés qué va a estar muy bueno? Lo de la compañía El pingüinazo. Hacen teatro con objetos. Son de Rosario. Es alucinante.

Le pregunto por su novia, cómo anda. La cara se le transforma. Olvidó que tenía que encontrarse con ella hace media hora. A la semana siguiente me voy a cruzar con la radio ambulante y el gordo caminando detrás del coqueto sulki. Micrófono en mano me va a dedicar un tema de Soda Stereo, Persiana americana creo. Mientras un hombre de unos setenta años le preguntará si no tiene nada de Julio Argentino Sosa.

***

La muestra tuvo lugar entre fines de noviembre y principios de diciembre de 2007. Durante dos semanas, el barrio pintó su cara y vivió a un ritmo diferente. Lentamente las cosas fueron volviendo a su lugar, aunque probablemente ese lugar no sea el mismo. Para algunos la muestra fue la oportunidad de darse a conocer, para otros la posibilidad de conocer más a sus vecinos. Para los más chicos significó prolongar su estadía en la vereda. Para los más grandes reencontrarse con tiempos perdidos en la vorágine de la vida moderna. Para Joaquín fue el comienzo del fin con Laura, cuando conoció a la prima de la panadera.


Aguafuerte de Matías Comicciolli

Divagaciones sobre la inseguridad

Que fácil se deja embaucar la gente con el tema de la inseguridad. Díganme si no es cierto, que en cualquier almacén, verdulería o carnicería de barrio no se produjo, con sus cambios y alteraciones, el siguiente diálogo:

-Y claro, lo que pasa es que la cosa no está como entes…

-No señora, ahora está el tema de la inseguridad.

Inseguridad, que para las dos viejas que se encuentran en el almacén, pasa a formar parte de algo así como su estilo de vida.

Me resulta muy cómico escuchar los tejes y manejes con solapa, que las personas se ingenian para que no les afanen el monedero. Tendrían que haber visto a una mujer, de un peso específico considerable, realizar una especie de maestría lúdica para poder conseguir las monedas que había guardado entre su ropa interior.

Ahora bien, esto no queda sólo en las prácticas costumbristas de las señoras que compran en el almacén, tenemos también a la figura arrogante, presuntuosa y engreída del aristócrata de barrio, que por sobrada suspicacia, desconfianza y aprensión, se preocupa sobremanera para que el barrio vuelva a ser ese apacible rinconcito, alejado de la gran ciudad, que en algún momento fue. De esta forma comienzan a evocar sus mediocres vidas, al cuidado exclusivo de sus bienes de lujo.

Hace algunos domingos atrás vino a casa un señor, de estos que yo llamo de elite, a pedirme si quería participar de una cadena telefónica que tenía como fin el cuidado reciproco de algunos vecinos. El tipo me comentaba que ante cualquier ruido extraño, podíamos ser alertados por un vecino, quien llamaría inmediatamente a nuestra casa o en el mejor de los casos a la policía.

¡Ruido extraño! ¿Qué es un ruido extraño? O mejor ¿Qué no es un ruido extraño, pongamos por caso a las tres de la mañana? El ruido, desde que lo definimos como tal, ya es un interrogante en sí mismo, por lo tanto, goza de la cualidad de la extrañeza. De lo contrario, en lugar de referirnos a la actividad sonora como “ruido”, lo haríamos identificando el objeto productor de las ondas, que llegan hasta nuestros oídos. Por ejemplo: en lugar de preguntarnos ¿¡Qué fue ese ruido!? Diríamos, se ha caído una botella o fue el gato que anda por los techos.

Ya me veía yo levantado, a altas horas de la madrugada, para atender el teléfono y escuchar: …Sr. X he escuchado un ruido extraño… El negocio no me pareció conveniente y opté por no darle mi número telefónico.

Los medios para la seguridad

Claro que también hoy en día, y gracias a los magníficos avances tecnológicos (que no logran solucionar el hambre, pero sí algunos aspectos más triviales) tenemos a nuestro lado la incondicional ayuda del celular. Artefacto que nadie sabe bien de qué manera mágica funciona, pero que todos tenemos y que a la hora de necesitarlo verdaderamente: o no tiene crédito o le falta batería.

Estoy seco de escuchar a las madres de adolescentes, diciendo que les compran un celular a sus hijos para que estén más seguros. ¿Qué hacían los pibes de hace algunos años atrás? Vivian expuestos a las mayores atrocidades otorgadas por la noche. Yo, señores, salgo de noche desde los catorce años y nunca vi como una necesidad sine qua non el uso de un teléfono móvil. Esta gente se cree que mientras te están afanando, el chorro te va a dar tiempo a que llames a la cana. Lo que hace el ladrón en esos casos es choriarte también el celular y de ahí en adelante, ha rezar para que no finja un secuestro express llamando a tu casa y pidiendo rescate.

Después están los que tienen toda la casa mecanizada con control remoto y desde la esquina abren el portón para meter la cuatro por cuatro, todo esto con el único fin de no estar ni un minuto de más en la calle (entre paréntesis y pido disculpas si hiero la susceptibilidad de alguno, pero merece mi mayor repugnancia, indiferencia y reprobación todo aquel que compra, con el solo hecho de alimentar su arrogancia, su egocentrismo y su hedonismo progresista, una camioneta cuatro por cuatro para usarla en la ciudad. Seguro que a ese tipo, que se jacta de amante incondicional de la naturaleza y por eso compra semejante bólido, le proponés ir a pescar un fin de semana y le decís que tiene que dormir en carpa, te manda a freír churros. Amante de la naturaleza…por favor!!!).

Bueno, estos últimos son los peores me tocó un par de veces y por cuestiones vinculadas al azar, pasar por la casa de estos mientras se abría el portón automático. El miedo y el pánico que me infundía su mirada era indescriptible, mientras pensaba para mis adentros: que no se me ocurra hacer ningún movimiento sospechoso, porque inmediatamente después estoy viendo como crecen los rabanitos desde abajo. Estos tipos, jóvenes profesionales enriquecidos en los noventas, meten más miedo que el delincuente común. Están enteramente convencidos que todo aquel que pase por su casa mientras ellos guardan el coche son una amenaza.

El problema

El problema en la actualidad, es que convencieron a la gente de que existe una amenaza a la cual hay que temer. Ni que hablar de los que se convencen de que no sólo existe tal amenaza, sino que también hay que eliminarla. La violencia, los robos, los asesinatos, son algunos de los alimentos que nos brindan los medios de comunicación continuamente y que hace que nos recluyamos cada vez más en nuestras casas. Lo cual hace que algunas personas tengan como único leid motiv cuidar sus pertenencias, su propiedad privada.

Las noticias trasmitidas por los diarios, las radios y la televisión también son un mensaje que crea un tipo definido de conciencia, un pensamiento colectivo, un estado de rutilante estupidez generalizada, la cual está directamente ligada al el tema de la inseguridad. De ahí que la vieja en el almacén, no encuentre otro tema de conversación que el asalto al kiosco de la esquina. Pero esas noticias no están seleccionadas por casualidad o de manera fortuita, sino que las mismas cumplen con un proceso formador, a la vez que sirven a los intereses de una clase determinada. Y justamente es esta bendita clase, de pobres diablos e infelices mujeres, que creen que son los dueños de la verdad, los que se llenan la boca con máximas incuestionables cómo: “a estos hay que matarlos a todos”.

Esta gente va a defender a capa y espada la integridad, la bondad y la moral (¿Moral?) de sus vidas, pero el problema no es ese, sino las demás personas que se lo creen, y comparten las mismas opiniones, convirtiéndose ellos también en otra manga de piojos resucitados.

Crónica de Valeria Tellechea

AGua(S) SOBRE GIRIBONE

Por Valeria Tellechea

valeria.tellechea@gmail.com

T

odo comenzó hace apenas unos cinco años, donde varios jóvenes y no tanto, desesperados por hacerse escuchar desde el arte, comenzaron un camino juntos que los encontró unidos en una fábrica devenida en teatro, en el barrio de la Chacarita, justamente sobre la calle Giribone, cemento que le hace honor a su nombre.

Jueves de Giribone Jam, marcaron el ritmo suave, dulce, y hasta a veces (tal vez muchas) incomprendido y aburrido jazz. Sábados de Noches Bizarras, un varieté de humor crítico de nuestra sociedad actual a través de sutilezas muy logradas. Un bar-restaurante, comandado por Harry, en donde se come y se toma bonito y barato. Actores independientes, músicos majestuosos, cocineros innatos, todos reunidos bajo la sigla de “AGua: Mutual de Artistas Giribonenses Unidos para la Autogestión”; pero parece ser que el tiempo, el boca en boca y la impronta de su calle se tragaron las siglas y ahora sólo se dan vuelta cuando dicen “Giribone”, a no ser que tengan sed.

Irónicamente, parece ser que la clausura ya se encontraba pisando sus talones; como en el 2004, a causa de algunos vecinos que les molestaban esas aburridas y eternas sesiones de jazz, eternidad que no pasaba de las once de la noche, la policía decidió clausurar el lugar. Roberto, un amigo de la casa y devoto del estilo musical imputado, recuerda haber estado esa noche calurosa de diciembre, y pensar al servicio de qué comunidad se encontraban las fuerzas, y se respondió así mismo más rápido que la luz, al servicio de los que ‘trabajan’, que no son justamente los muchachos artistas, ya que en el lugar, un cartel indica tajantemente “aquí no trabajamos, no insista”.

Un año en stand by provocó la necesidad de todos estos artistas auto agrupados a encontrar un nuevo lugar. Nada de lo sucedido aminoró la marcha de la tropa, pues la necesidad de hacerse escuchar desde el arte seguía intacta, e incluso la llama había sido avivada; era la mejor manera de reinventarse, de sumar más artistas y locos a las filas del nuevo proyecto, porque es así como lo entendían, como la oportunidad de nuevos descubrimientos. Daniel, actor, clown, poeta y muchos pormenores más, lo explica con los sentimientos de aquel que se recuerda y se siente como niño con juguete nuevo, pero con las palabras de todo un adulto: “a la par de la idea de reinventarnos, en la práctica, redescubriendo el espacio que somos capaces de habitar, con no pocas dificultades pero aprendiendo los modos colectivos, que incluye también a quien entra y se come un plato de las delicias de Harry y se ríe o se emociona o baila pero a la vez también participa de un nuevo hecho cultural”.

Y una casona, clavada en la calle Fitz Roy del mismo barrio, auspició de regreso de los viejos y los nuevos “Giribonenses”, fotógrafos, maquilladores, bandas en vivo, y hasta un nuevo grupo: “Los improbables”, encargados de las Improbables noches de viernes, algo así como un cadáver exquisito dividido en partes.

Y la casa, aunque pequeña, se agranda.

LA AUTOGESTIÓN

El trabajo de los actores de Giribone reúne aproximadamente cuarenta artistas que comparten las mismas ideas acerca del teatro, un teatro político comprometido con la realidad. Incluso se separan de lo que es el teatro alternativo, del circuito del San Martín o el Cervantes que “no está mal pero esos teatros suelen ser los aparatos de difusión de los proyectos e ideologías del gobierno de turno”, sentencia Paula, cantante de la banda Talkin´to machines, que auspicia como corte de las Noches Bizarras, miembro de las Improbables Noches, además de ser la mejor anfitriona del lugar.

Al final de cada jornada artística, ella se encarga de dejar bien en claro cuál es el concepto de la autogestión. “Nos nucleamos en una mutual porque no nos interesa sacar provecho de todo esto. Para nosotros el compromiso es con la comunidad, para desnaturalizar todo aquello que se nos suele pasar por alto”. El valor de la entrada es de $6, de los cuales casi el 70% es para pagar el alquiler de la casa, y el resto es para los actores, esto es, alrededor de $2.

Después está en uno poner un poco más a la gorra.

El arte como función social se ve plasmado en esas acogedoras paredes, paredes que no actúan como límite, sino como agua que corre libremente.

PUERTAS ABIERTAS, PUERTAS CERRADAS

Bienvenidos,

los que llegan a este hogar.

La casa es chica,

pero el corazón es grande.

La presencia del huésped,

es suave como el césped.

Somos pobres de verdad,

pero no de voluntad.

Esta frase anula a las anteriores.

Rajá, perro.

Pablo es el director de Noches Bizarras. Eligió este fragmento de “Haga como si estuviera en casa”, del libro de Julio Cortázar, “Historias de Cronopios y de Famas” como invitación a entrar en su página. Coinciden con lo que Daniel siente, pero, de alguna manera parece tener la marca de un visionario, o de una respuesta para la ocasión.

Después de un tiempo sin tocar, por motivos de organización, el jueves 4 de octubre volvían las Giribone Jam y, para que la vuelta tuviera la importancia que se merecía, invitaron a nuevos músicos a tocar. Sólo por ser una ocasión especial, la entrada tenia un valor de $13, con igual repartija del porcentaje. Alguno de esos invitados, puso a disposición de Internet la información en su página web, para promocionar el encuentro. Sin embargo, lo que se esperaba como una prometedora sesión de jazz, se convirtió en una improbable noche cuando los inspectores de la municipalidad aterrizaron y declararon la clausura preventiva.

Soledad, una mujer que no pasa los 35 años, es la persona responsable de todo lo que en aquella casa sucede. Prefiere no dar el apellido porque dice que con su nombre alcanza, y por eso se respetó esta decisión, tanto para ella como para el resto del grupo. Nos aclara que los inspectores cayeron porque ellos se encargan de revisar los lugares donde se realizan espectáculos públicos, en donde la entrada supera los $10. No echa culpas porque considera que la persona que publicó la información no tenía la intención de perjudicar a nadie.

La clausura es preventiva porque se consideró que era una casa y no un lugar de espectáculos, por eso la faja de “clausurado” la entregaron en mano. Soledad se las veía negras: había pena de multa, inhabilitación permanente, hasta arresto por 6 años.

La constancia de esta medida de prevención se veía amarilla por el tiempo, con un borrón justo donde se detallaba el año de su creación. Igualmente se podía ver que era del 2003.

UN VACÍO DIFÍCIL DE LLENAR

En la madrugada del 31 de diciembre de 2004, en el recital de la banda Callejeros, que se desarrollaba en el local bailable República de Cromañon, un fuego y humo arrasadores se llevaron la vida de casi doscientos chicos que habían asistido al lugar. Pero no fue culpa del fuego, ni del humo, ni de la media sombra, ni de la desgracia; los culpables tienen nombre y apellido, algunos de ellos son culpables también del vacío legal que permitió que todo esto ocurriera. Y ese vacío legal se transformó en un parche de la justicia, llamado comúnmente como Decreto de Necesidad y Urgencia.

El Decreto nº 3/2005, que indica fecha y año de su creación, y el tercero en lo que iba de ese mismo año, se dictó “con el objeto de brindar, con inmediatez y premura, una solución que contemplase los problemas que afectaban a todas las salas de teatro independiente, espacios no convencionales, espacio experimental o espacio multifuncional en los que se realicen manifestaciones artísticas que signifiquen espectáculos con participación real y directa de intérpretes, en cualquiera de sus modalidades, fuera comedia, drama, teatro musical, lírico, de títeres, leído, de cámara, espectáculos musicales o de danzas y en los que se tomen en cuenta únicamente la calidad del espectáculo o su interés como vehículo difusor de cultura. Asimismo, tal como surge del decreto mencionado, el rubro Teatro Independiente no estaba incluido en el Código de Planeamiento Urbano (C.P.U.), y la norma intentó superar tal vacío legal”, como lo indica el mismo decreto en sus primeras líneas. Y es así como todo entró a la perfección en una misma denominación, y comenzó una seguidilla de clausuras de tanto lugares míticos del under porteño, como de centros comunitarios, entre otros varios, por no cumplir requisitos, algunos razonables, otros casi irrisorios. Y Giribone no fue la excepción. Y Giribone se hizo agua.

Las habilitaciones oficiales implican un baño cada 6 personas, varios matafuegos, salidas de emergencias, y mil cosas más que Giribone nunca podría adquirir ya que es el gobierno quien las vende a un precio muy alto, y prefieren no entrar en ese vértigo, sino que deciden ser itinerantes y elegir la autogestión. “Somos una Mutual de artistas, lo que significa que trabajamos sin fines de lucro, y eso es lo que el Gobierno no quiere. Es una locura que se le exijan las cosas que se le exigen a un mega espacio como era Cromañon” vuelve a sentenciar Paula, cuando recuerda el momento de la clausura preventiva.

Y más allá del decreto del año 2005, las autoridades siguen utilizando viejos formularios desactualizados que no aseguran la veracidad ni la legitmidad de sus autoridades.

HECHA LA NO LEY...

El jueves 24 de octubre levantaron la clausura preventiva del lugar. Finalmente, para los inspectores, Giribone era una casa en donde se juntaban muchos amigos, cosa que no escapa de la realidad.

Ese mismo sábado, los actores armaron un mini festival para festejar, por segunda vez, la vuelta de Giribone, pero esta vez, de una manera mucho más íntima. Quitaron las pequeñas gradas, las luces, los reflectores, las mesas, y todo lo que con tanto esfuerzo les costó levantar. Y la casa se convirtió en una casa. Y el agua volvió a correr.

Paula es quien, nuevamente, sentencia incansablemente con las palabras justas: “el sabado estaremos ahí, haciendo lo nuestro pero íntimo y privado, siempre con comidas ricas, cerveza y buena onda. La respuesta de la gente que ya nos conocía fue maravillosa, igual nuestra sensación es que nunca nos sentimos en otro lado como en nuestra casa, donde todos somos alguien, donde todos somos parte, donde salimos de actuar y con mucho amor nos espera una mesa con la comida siempre casera y rica, donde nos golpean la puerta del camarín para darnos la cerveza que en otro lado nos quieren cobrar por más que nos hayan invitado a actuar. En fin... esto sigue...” Acá o en donde sea.