lunes, 12 de mayo de 2008

Entrevista de Beatriz Vazquez

Seminario y Taller de Escritura UNQ Beatriz Vazquez (leg 6948)

Profesora Celia Güichal

Entrevista: Este trabajo fue pensado para ser publicado en una revista del tipo “Hecho en Buenos Aires”, destinado a lectores interesados en el arte pero también en proyectos alternativos y sociales.

Ediciones cartoneras: Literatura, cartón y color.

Llego al barrio de La Boca para hacer una entrevista y me reciben con una sonrisa, un beso y mucha calidez. Me sorprendo. “Claro”, me digo después de que ese pensamiento me pasa por la cabeza. Es que de eso está hecho Eloisa Cartonera: una mezcla de sensibilidad, cartón, color y palabras. En su página web ellos se definen como “la editorial más colorinche del mundo”, y creo que tienen razón. Funcionan en una cartonería de la calle Brandsen al 600 que tiene nombre y todo: No hay cuchillo sin rosas. Están muy orgullosos de formar parte del paisaje de este barrio, a pasitos de La Bombonera. Allí editan obras de autores de una riqueza y variedad que reíte de los grandes monstruos editoriales del mundo: Walsh, Piglia, Fabián Casas, Sergio Parra de Chile, Dani Umpi de Uruguay, y siguen las firmas.

Ni bien llego me siento en un banquito de madera, entre Miriam (más conocida como la Osa) y Alejandro, dos de los cinco integrantes actuales de la cooperativa. La Osa es una chaqueña afincada en Florencio Varela, tiene 23 años y está casada con Martín. Con él recorrían las calles de La Boca juntando cartones, pasaban siempre por la puerta del local de Brandsen 647 y Miriam tenía mucha curiosidad por saber qué había detrás de esa vidriera con un cartel de colores que decía Eloisa Cartonera. Hasta que un día pararon con la pueril excusa de pedir permiso para pasar al baño y así entraron al lugar. Después de una breve charla con María, una de las integrantes que lleva más tiempo en el proyecto, Miriam, la Osa pura sonrisa y ternura, fue invitada a quedarse a pintar. Tardó cinco meses en decidirse ya que, confiesa, le daba pena dejar su carro. Ahora hace ocho que se decidió a aceptar la invitación. Ya es la estrella del lugar.

Alejandro es un chileno procedente de la Quinta Región, tiene 29 años y llegó a la Argentina para estudiar cine ya que aquí “hay más facilidades”. Se refiere a la universidad pública y gratuita, que no es el caso en Chile. Como parece ser la impronta del lugar, Alejandro no se queda atrás y, al igual que su compañera, también él hace alarde de una amplia sonrisa y un trato afable con los visitantes. Aunque este estudiante de la UBA se autodefine como tímido, yo bromeo y lo contradigo con el argumento de que tanto él como la Osa son los mejores representantes de relaciones públicas que pudiese tener una editorial, ya que ambos manifiestan que suelen “arriar gringos” que pasean por las inmediaciones a fin de venderles alguna de las joyas del catálogo.

Mientras ellos escuchan música, cortan letras de cartón y pintan con sus témperas y pinceles en una mesa que hay en la vereda, charlamos para la entrevista:

-Alejandro, ¿cuánto hace que estás en Eloisa Cartonera y cómo llegaste?

-Llegué hace un mes y estoy hace un mes trabajando. El proyecto lo conozco hace unos tres o cuatro años. Estaba leyendo una revista en mi país y salió un recuadrito, que hablaba sobre una…una rareza, como una locura linda que se daba en Argentina, decía que se hacían libros de cartón con tapas pintadas y dije: “uy, qué lindo”. Y después me volví a topar otras veces con el nombre, y ahí me interesé. Hace un año vine como turista a Buenos Aires, bueno, obviamente tenía que conocer el barrio de La Boca, iba a venir a Eloisa pero como parte de una visita, como ver la Bombonera, como ver Caminito. Vine acá y estuve diez minutos porque andaba con otra gente que no estaba muy interesada en esto Aparte que no me dieron mucha bola. Me gustó, pero era distinto de cómo yo pensaba que era. Pensaba que era más concurrido y más artístico. Me encontré que había tres niñas con cumbia a todo lo que daba y me descolocó pero no es que me desagradara. Me di cuenta que era más sencillo de lo que pensaba. Hace un mes llegué a Buenos Aires para instalarme, estaba parando acá en Barracas. Como no conocía a nadie, entonces decía, “voy a ir a La Boca, que es tan lindo, se puede caminar, y de paso voy a Eloisa y les compro libros”. Las cosas habían cambiado, estaba esta señorita (se refiere a la Osa), la señorita me agarró y me dijo: “-Sentate, pintate una tapa” y ahí me quedé.

-Ni bien tuviste conocimiento de Eloisa Cartonera, ¿qué fue lo que te atrajo?

Que les compraran el cartón a los cartoneros y que fueran las tapas de cartón pintadas a mano.

-¿Conocías experiencias similares en Chile?

Sí, pero nacieron inspiradas por Eloisa. De hecho cuando yo vaya a Chile la voy a ir a conocer, a intercambiar libros, va a estar buenísimo. Antes de venir a Argentina sabía que estaban en Santiago. Y esto pasa en muchos lugares de Latinoamérica, en Chile se llama Animita Cartonera.

-De todas las posibilidades de trabajo en Buenos Aires, ¿por qué elegiste trabajar acá?

-No, no lo elegí. No tuve que elegir entre ser pizzero y Eloisa. Fue la primera oportunidad que alguien me ofreció.

-Y te pareció inmejorable…

-Si, tal vez no se gana mucha plata. Y… esto no es un trabajo, o sea yo lo tomo muy en serio, pero no es un trabajo (la Osa acota: “es una diversión”), nos divertimos mucho. A veces nos pasa el día acá y no nos damos cuenta.

-De acuerdo a lo vivido en el proyecto hasta ahora, ¿cuál es tu definición de Eloisa Cartonera?

-Desde el punto de vista humano, a pesar que nos conocemos hace poco, tratamos de llevar un entorno (hace un silencio para tratar de buscar la palabra adecuada y finalmente la encuentra) amistoso…, somos una pequeña familia. Desde el punto de vista de la organización económica somos una cooperativa. Y desde un punto de vista básico somos trabajadores. Mucha gente nos trata como si fuéramos artistas, ven en esto algo como muy glamoroso y vienen acá con muchas expectativas. Pero nosotros les decimos que básicamente somos trabajadores que realizamos una tarea creativa que tiene un fin último de difusión cultural.

-Vos mencionaste las expectativas, ¿qué diferencia notás entre tus expectativas previas y la vivencia de formar parte de Eloisa Cartonera?

-No quiero que quede como una decepción, al contrario, pero me cambió la imagen que tenía porque al contrario, la imagen que yo tenía era un poco intimidante, era algo para venir y ver. Yo no pensé que me iban a invitar a pintar, o que me podían integrar así tan fácil.

-Como dice el tango: “de chiquilín te miraba de afuera como a esas cosas que nunca se alcanzan…”(Alejandro, el muchacho trasandino, termina la frase conmigo haciendo alarde de su conocimiento de las cosas de Buenos Aires) ¿La ñata contra el vidrio te parecía?

-Es que ni siquiera me lo imaginaba porque en la página (se refiere al sitio web de Eloisa Cartonera) se veía como un mesón grande y lleno de gente, entonces… por un lado diseñadores y cartoneros, y yo no era ni lo uno ni lo otro. Decía aparte ser extranjero y llegar…no me hubiera imaginado nunca que la integración podía ser así de fácil: “Hola, cásate conmigo” (risas).

-Hablábamos antes de una definición y en la página web de Eloisa Cartonera se habla de “un proyecto artístico y social”, ¿estás de acuerdo con eso?

-Sí eso también tenemos que salir a aclararlo siempre. Claro que tenemos un costado social porque no somos una empresa con fines de lucro ni nada de eso, el lucro que tenemos primero sacamos para los gastos y lo que queda para nosotros. Y la página web está desactualizada porque al principio a los cartoneros se los invitaba a participar y a pintar las tapas, eso se está retomando ahora con Miguel (Miguel es un cartonero que se incorporó en los últimos días) y la Osa. En esa época había más de esa participación y después se fue perdiendo. Estaba lleno de cartoneros y artistas, desde ese punto de vista se podía tomar como un proyecto artístico y social. Pero a veces llega gente acá que piensa que somos una especie de beneficencia o algo así. Nosotros tenemos un fin social pero no somos los salvadores de nada. Nuestros parámetros son muy humildes. Pero sí se da lo social en que nosotros les compramos el cartón a los cartoneros a un precio más alto que lo que se lo pagan los depósitos. Y está bien en el fondo rescatar a ellos de la calle (Alejandro habla de Miguel y la Osa), que se dediquen a esto está bien. Y acá siempre está lleno de cartoneros.

-¿Cómo era tu relación con la literatura y con el libro-objeto y cómo es ahora?

-Le asigno mucho valor a eso. Entre comprarme ropa y comprarme libros, prefiero los libros. En Chile me compraba libros usados por montones. El ritmo de compra era infinitamente superior al ritmo de lectura, era como un fetiche. Ahora ya no tanto. Ahora estoy rodeado de libros y estoy tratando sistemáticamente de leerme todo el catálogo porque como tengo que hablar sobre los libros me siento un poco mal de hablando de los que no he leído. Los que más vendo son los que leí porque hablo con más conocimiento de causa. Además, parte del costado social del que hablábamos también radica en que por ejemplo la Osa a veces le recomienda los libros a la gente y eso está bien.

Alejandro menciona a la Osa, y ella está ahí, se sale de la vaina por participar, le gustan los micrófonos, es que la notoriedad que le ha dado Eloisa Cartonera le cae muy bien:

-¿Y vos Miriam, leías antes de estar acá?

-No, ni a palos. Nunca leía, ni me importaba, todos los libros que agarraba los vendía, para mi eran papel nada más. Ahora leo, me sé todos los libros, es relindo.

-¿Cuáles son los próximos pasos de Eloisa, qué tienen planeado Alejandro?

-No sé, nosotros vivimos tan al día. Pero una cosa que está saliendo ahora es que vamos a comprar un terreno. Y tratar de que Eloisa funcione en otro lugar, y si es posible que funcione en los dos, en éste y en otro en provincia. Hacer un taller con una huerta y empezar a generar otras cosas.

-¿Qué te gustaría que suceda, cómo te imaginás el futuro de Eloisa Cartonera?

-Me gustarían cosas bien concretas, bien prácticas. Me gustaría que adquiriéramos un poco más de independencia económica no solamente para solventar los gastos y que nos pagara a nosotros sino para poder editar más cosas. No sólo por la plata que ganaríamos sino para que el proyecto crezca. Nos gustaría editar más literatura infantil, más literatura política, pero no podemos. Tener mayores recursos para agrandar el catálogo para que no sea solamente vender y reponer lo que ya tenemos, como si fuese un supermercado. También que tuviéramos algo propio. Bueno, vamos a tener el terreno seguramente pronto. Pero me gustaría que tuviéramos algo propio acá, y que hubiese muchas Eloisa en la ciudad.

Y casi a dúo, tanto Alejandro como la Osa, con experiencias de vida y contextos tan distintos, coinciden:

-Miriam: Viajar por todo el mundo con Eloisa.

-Alejandro: Eso también me agradaría a mí, muchas veces lo he pensado. Ya fuimos al Chaco y ahora nos invitaron a ir a Rosario y a Corrientes. A Rosario vamos a ir a un encuentro de cooperativas. Nos gustaría que en todas partes la gente quiera tener sus libros cartoneros.

El grabador se apaga pero la charla sigue, más relajada. Me quedo un rato con los chicos hablando de la vida y sacando fotos. Y no me voy sin antes elegir, con el consejo nada objetivo de mis dos anfitriones, alguna de las obras con contenido literario y alma de témpera y cartón.

viernes, 9 de mayo de 2008

Reflexiones de Eduardo Guzmán sobre el género entrevista

Nuevas tesis de abril. Sobre el género entrevista

Por Eduardo Guzmán

I
Hasta hace poco tiempo nunca había pensado la entrevista como un género. Nunca me había detenido a pensar en ella como una forma de escritura. En mi diccionario interno entrevista hacía referencia a un tipo de texto periodístico en el que dos personas dialogaban. Una preguntaba y la otra respondía. En esta última había algo del orden de lo extraordinario que ameritaba que el diálogo se publicara. Esta concepción comenzó a modificarse en ocasión de una entrevista que realicé a para el Taller de prensa escrita. Luego del encuentro con el entrevistado, mientras viajaba de regreso a casa en el colectivo, empecé a comprender dos cosas. La primera: todas las personas están en condiciones de ofrecer algo extraordinario. La otra: el entrevistador es tan importante como el entrevistado. Se abre el camino a búsquedas narrativas que amplíen el género. El final no coincide con el fin de la charla. La entrevista termina cuando se publica.

II
No me gustan las entrevistas que son mera excusa para vender un libro o publicitar una película, por ejemplo. Son textos aburridos, cerrados y sin ningún tipo de búsqueda que no sea vender un objeto. Es, a la vez, una forma de periodismo que es nociva para la profesión porque elimina toda posibilidad de criticidad. Es un ejemplo que podría agregarse al apartado que Ulibarri[1] dedica a la cuestión de la ética en torno a la relación con las fuentes.

III
Ulibarri y Gillio[2] hacen hincapié en un asunto importante: la preparación de la entrevista. Dice Gillio “preparo mucho las entrevistas. Mucha gente me dice asombrada: pero ¿cómo sabías? Yo no sé, investigo. Siempre digo que el periodismo tiene la superficie del y la profundidad de un charco”[3]. Una imagen muy gráfica. El entrevistador debe hacer una investigación previa, tiene que conocer los aspectos más relevantes de su entrevistado y plantear un recorrido de interés de sus lectores. Pero este recorrido no puede ser completamente diseñado antes de la charla. La propia dinámica del diálogo presenta nuevas posibilidades y el entrevistador debe estar atento a ellas.

Coupland[4] y Shainberg[5] son un caso distinto de preparación: no hacen una investigación para la entrevista, sino que ya poseen un conocimiento detallado de la obra de sus entrevistados. No son especialistas. En ambos casos se reconocen (Coupland explícitamente, Shainberg en otras palabras) como fans[6]: “¿Pero Morrisey? Confieso que soy un fan, y que tomé el título de una de mis novelas de uno de sus temas”[7] “(…) uno de los muchos aspectos que me obligarían a reconsiderar la concepción que me había formado de él (Beckett) durante los veinte años que había estado leyéndolo y, seamos honestos, venerándolo”[8]. La entrevista toma la forma de un relato donde el discurso textual de los entrevistados es menos frecuente que en otros casos. Y la relación de los entrevistadores con la obra de sus entrevistados y con su propia obra (los entrevistadores en ambos casos son escritores) son un eje importante de reflexión.

IV
La entrevista de Capote[9] a Marilyn Monroe y la nota de Fresán[10] sobre Andy Warhol y las entrevistas sirven para pensar algunos límites del género. Capote narra el diálogo de dos amigos. Lejos de una entrevista al mito hay una charla con una mujer de carne y hueso. Así entre el mito Marilyn y la conversación en tono coloquial, el relato se hilvana con características que lindan con la crónica. El caso de Warhol hace patente la realidad de un pacto entre el que pregunta y el que responde. A la vez, hay una reflexión sobre las entrevistas que nada dicen y que sólo tienen lugar porque el personaje en cuestión es conocido.

V
El caso de la entrevista que entrego es una búsqueda que intuyo relacionada a las de Coupland y Shainberg. Estoy lejos de ser fan de Rodríguez Alzueta (mi entrevistado), pero me interesa encontrar en el proceso de escritura algo propio. Decidí hacer participar activamente mi voz en determinadas partes del texto, un “yo” fuerte. Mi voz, fundamentalmente, quería que apareciese al principio de las situaciones que luego iba a describir Rodríguez. Busqué un tono coloquial, que reflejaba el carácter que tuvo la charla, a la vez que intenté utilizar herramientas de otros géneros. Busqué, en parte, imitar la estética del Nuevo Periodismo. Arfuch en el apartado llamado Ficcionalizar la vida tal cual es explica que el Nuevo Periodismo se planteó “como un nuevo de periodismo subjetivo, con inclusión del reportero como personaje del relato, libertad estilística y permiso para utilizar una serie de procedimientos literarios”[11]. No pretendía emular la prosa de Wolfe, Mailer y compañía, pero si hacer un pequeño recorrido en esa dirección.

A la hora de escribir sobre las respuestas de Rodríguez traté de utilizar mucho las palabras de él y no acotar mucho. Creo que el sentido de lo que alguien dice está también en cómo lo dice, aunque modifiqué muchas expresiones para facilitar su lectura.

Básicamente tomé tres decisiones (concientes) en el proceso de edición: respetar el sentido de lo dicho por sobre la cita textual; introducir situaciones y reflexiones con fuerte presencia de mi voz y atenuarla cuando el relato se enhebraba a partir de las respuestas de Rodríguez y; no respetar el orden cronológico de la conversación.
Otra preocupación que tuve fue la estructura. Por un lado, quería que el relato siguiera un esquema. Por otro lado, procuré que los párrafos tuvieran dimensiones similares, que no hubiera párrafos enormes y otros demasiado cortos. Si hay una diferencia entre los párrafos en los que introduzco una escena con los que son referidos al diálogo mismo. Estas cuestiones me parecieron esenciales para la legibilidad de la entrevista.





[1] Ulibarri, Eduardo. Idea y vida del reportaje, México D.F.,Trillas, 1994.

[2] Moreno, María. El oído absoluto (entrevista a María Esther Gilio), Suplemento Radar, Página 12, 18/1/04.

[3] Op cit. P.4

[4] Coupland, Douglas. Amamos tanto a Morrisey, en revista Ñ, Clarín, 29/4/06.

[5] Shainberg, Lawrence. Entrevista a Samuel Beckett en Confesiones de escritores. Los reportajes de The Paris Review. El Ateneo.

[6] La idea de fan que trabajo la tomé prestada de la muestra que en diciembre pasado, en la galería porteña Belleza y felicidad, realizó el artista plástico Leonel Pinola. Intitulada Alta fidelidad la muestra era el resultado de la investigación del artista acerca del “carácter y el perfil del fan en la obra de los artistas y/o en la construcción de arte contemporáneo”. Aquí retomo la cuestión del fan relacionada a una forma de hacer periodismo y en este caso en particular en relación a la entrevista.

[7] Cuopland, Douglas. Op. cit. p. 34

[8] Shainberg, Lawrence. Op cit. p. 34. El subrayado es mío.

[9] Capote, Truman. Una adorable criatura, Anagrama, Barcelona, 1995.

[10] Fresán, Rodrigo. Así habló Andy Warhol, en suplemento Radar, Página 12, 19/9/04.

[11] Arfuch, Leonor. La entrevista, una invención dialógica. Buenos Aires, Paidós, 1995, p. 103.

Entrevista de Eduardo Guzmán

Moviéndose entre grietas

(Pocos autos quedan en el estacionamiento de la Universidad Nacional de Quilmes. Es un lunes frío de agosto y son más de las 22:30. Mi profesor de Derecho a la Información vive en La Plata como yo. Por eso le ofrecí llevarlo. Es un tipo joven. La clase estuvo bien. Le señalo mi auto.)
Eduardo Guzmán: es el 306 gris allá en el fondo.
Profesor: ok.
(Caminamos unos pasos. Abro el auto. Había dejado un cd en el asiento acompañante. El profesor lo toma.)
Profesor: ¡Él mató a un policía motorizado! ¡Qué buena banda! Hace poco estuve en España y fue la única banda de La Plata que llevé en mi mp4.
EG: ¡mirá vos! Los chicos son amigos míos. Bah, dos de los cuatro: el cantante y el baterista. Fueron conmigo al secundario. Suenan, ¿viste?
(Él mató a un policía motorizado es la banda de unos amigos. De un tiempo a esta parte les está yendo muy bien. Siempre que alguien me habla de ellos le cuento que son mis amigos. Cada vez que actúo de esa manera me siento tonto ¿que tiene que ver su buena música con que son mis amigos?)
Profesor: si, hace poco los llevamos a tocar al Media pila.
EG: ¿el Media pila? ¿Y vos qué tenés que ver?
(El festival Media pila es un festival organizado por FM Universidad y el grupo la Grieta. Se realiza esporádicamente. Tocan bandas y solistas del under. La última vez que fui tocó Rosario Bléfari. Estuvo encantadora.)
Profesor: soy del grupo La Grieta. Organizamos el Media pila con Radio Universidad.
EG: ah, ¿vos sos de los del Galpón? Hace poco fui ahí a ver a (Francisco) Bochatón. Estuvo muy bueno.
Profesor: me gustó mucho el último disco.
EG: lo tengo en la gaveta. Ahora lo pongo.
(Batería y guitarras distorsionadas. Otra vez. Batería, piano y una voz suave “encontré un montón de ruinas/ sobre el mar junto a las esquinas/ hacia el sol/ van dirigidos/ todos/ los pensamientos”[1])

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Una hora antes de entrevistarme con Esteban Rodríguez Alzueta decidí que iría caminando hasta su casa. Unas veinte cuadras separan su hogar del mío. Una diagonal, la 78, funciona como atajo. Atravesé dos plazas, un parque, cinco avenidas y dos edificios de la Facultad de Bellas Artes. Me crucé con amigos. Todo lo sentía vinculado a la entrevista aunque sin saber por qué.

A las cinco cero cero del lunes 31 de marzo, orgulloso de mi puntualidad inglesa, presiono el timbre “c” como quien sabe la respuesta a una pregunta de multiple choice. Al final del largo pasillo se encuentra Esteban vestido con una remera amarilla de Nirvana (esa de la carita con dos cruces por ojos y la lengua saliendo por un costado de la boca) y bermudas. No voy a describir su departamento. Me voy a quedar con dos detalles en los que mi mirada se detuvo una y otra vez a lo largo de mi visita: la biblioteca y la colección de CDs.

Si acudimos a la oferta académica [2] de la Licenciatura en Comunicación Social de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ), podemos enterarnos que Esteban Rodríguez Alzueta es Abogado y magíster en Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de La Plata. Es autor de unos cuantos libros y docente de distintas universidades. Participa de un organismo de Derechos Humanos, el CIAJ (Colectivo de Investigación y Acción jurídica) y es cofundador del grupo La Grieta. Se podría agregar que nació en Balcarce hace 36 años y que vive en La Plata hace casi 20.

La pregunta que se impone es acerca del carácter ecléctico esbozado en las líneas anteriores. “Soy como Frankestein, un cuerpo hecho con restos de otros cuerpos”, se ríe y luego reflexiona “¿Qué me lleva a tener que moverme por distintos andariveles? Es una pregunta con historia”. La historia empieza contarla con su llegada a La Plata para cursar sus estudios universitarios. Su vocación lo orientaba para el lado de la sociología, pero la carrera no existía en La Plata. La segunda opción fue estudiar para Abogado. Abandonó y se pasó a Filosofía, pero tuvo que volver por razones laborales: una pasantía rentada en el Instituto de Previsión Social que le exigía la regularidad en Derecho. Así, un día terminó la carrera. La cuenta pendiente que era sociología la saldó en la maestría. Paralelamente a este recorrido hay otro igual o más significativo, relacionado con la vida universitaria pero por fuera de la institución. Cuenta Rodríguez que “desde mucho antes, desde cuando era estudiante, con un grupo de amigos creamos el colectivo La Grieta. El colectivo no lo pensamos nunca como una agrupación estudiantil. Y no porque no creyéramos en las experiencias estudiantiles. Pero nos parecía que muchas veces las experiencias estudiantiles terminaban postergando discusiones”.

El Colectivo La Grieta fue fundado en el año 1992. Desde entonces ha tenido una intensa participación en el ámbito cultural platense. Hace un tiempo tiene su sede en el Galpón de encomiendas y equipajes del ex Ferrocarril Provincial en 18 y 71. Pero durante muchos años el grupo tuvo que itinerar sin lugar fijo. “Al comienzo, nos definíamos como una generación sin techo”. Rodríguez hace una pausa y prosigue: “sentíamos que había como un vacío institucional, que había una falta de lugares para encontrarse. Eso nos permitió que boyemos por distintos lugares. Nos juntábamos en un teatro, en un centro cultural, en el aula de una facultad, en un bar, en una radio. Íbamos haciendo las actividades en distintos lugares”. Estas actividades eran diversas: talleres de reflexión y discusión, recitales de poesía. Pero la actividad nodal era la revista. Su importancia radicaba en que “era un soporte que permitía contener distintos lenguajes. Era el formato para practicar la fuga. Permitía que distintos lenguajes que provenían de diferentes experiencias pudieran convivir tensamente en torno a un tema. No era una revista de ensayo, ni de literatura, ni de política, no era una revista de plástica, ni de diseño. Era una revista que tenía todo eso. Era una revista que atravesaba en diagonal, en honor a la ciudad, todos los temas. Daba la posibilidad de recorrerla transversalmente”. Sigue sobre la revista: “en esa época todos habíamos leído a Deleuze. De su lectura creíamos en esta idea de militar la indisciplina, desandaribelizarnos, de corrernos todo el tiempo de lugar”. La revista se estructuraba en torno a un tema que era leído y pensado desde diferentes ópticas “cada uno venía al grupo con sus propias lecturas lo que implicaba que también viniese con sus grupos de amigos, que eran muy distintos también. Entonces el debate era enriquecedor”.

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Jueves 3 de abril. Son las 15:24. Detengo mi auto en la esquina de 6 y 44. Quedé en encontrarme con Esteban para viajar juntos hasta la UNQ, donde a las 17:30 el dicta clases de Poder, Estado y Comunicación y yo curso con el profesor Casullo. Llega a la cita cargado de libros, películas y una mochila. Su voz, congestionada se debe al polvillo de la librería de viejos que visitó hace instantes. Me muestra las películas mientras espero que el señor del auto importado haga caso al semáforo verde y avance.

El año pasado, se inauguró la bajada de Bernal en la autopista La Plata- Buenos Aires. Ahora ir hasta la UNQ me toma una media hora o un poco más, según el tránsito. Es bárbaro: viajo rápido, cómodo, cálido en invierno y fresco en verano. Antes no iba tanto en auto. Lo único que extraño del tren es la posibilidad de leer mientras viajo. Lecturas de ese estilo fueron parte de la antesala de Estética Cruda[3]. Y de la génesis de ese libro me cuenta Esteban mientras a un promedio de cien kilómetros por hora nos acercamos a nuestro destino. Recuerda que solía viajar a Buenos Aires para dar clases unas tres o cuatro veces por semana. El tiempo era una clara limitación para sus lecturas y para su producción. Y de esa limitación hizo un nuevo punto de partida “se trataba entonces de pensar a la clase como una reflexión en voz alta. Las clases dejan de ser puestas en escenas, mera representación, para convertirse en un camino del pensar". Llevada esta idea a la escritura el programa era “imprimirle a nuestra limitaciones una estética. Llamé a esa forma de trabajo estética cruda y escribí el libro reflexionando sobre todo ello”. De esas clases recuerda que al no estar el recorrido prefijado muchas veces se le ocurrían cosas mientras daba clases y pedía a sus estudiantes que le permitieran un minuto para anotar la ocurrencia.

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Estoy sentado frente a la biblioteca de espalda a los cds. Me distraigo con Marilyn Monroe. Su rostro sonriente en la tapa de un libro está al lado de otro con Eva Duarte en su portada. Más tarde me distraeré con los libros sobre Bob Dylan, los Rolling Stones y otras bandas y otros solistas. Menciono mi distracción y él me cuenta que trabajó cinco años en una librería. Eso le permitió y le permite sacar varios libros al costo. Es una tradición entre los libreros. Me hubiera gustado trabajar en una librería y participar de la tradición.

La casa de Esteban queda a unas pocas cuadras del Galpón de La Grieta, en el barrio Meridiano V. El barrio recibió su nombre por la Estación Provincial del Ferrocarril que albergaba. Supo ser, en sus años de esplendor, centro comercial de la ciudad y atracción provincial. Con el tiempo el tren dejó de funcionar con regularidad hasta su desaparición hace unos treinta años. Desde hace un tiempo, el barrio se convirtió en una especie de San Telmo pequeño: casas recicladas convertidas en bares, calles empedradas y, fundamentalmente, una amplia oferta cultural. El barrio es también un tema de reflexión permanente de La Grieta. Rodríguez remarca que al barrio “lo vivimos siempre como problema. Uno tiende a agregarle sentidos pero que relacionados con las expectativas que tiene. El barrio es un dormitorio. Sobre todo para la clase media. El barrio no se vive. Por eso no se ven chicos jugando en la vereda. Cada vez son menos los viejos que sacan la silla los fines de semana y salen a conversar con los vecinos. El barrio es el lugar adonde se va a dormir. La gente tiende a parapetarse. Las casas se van enjaulando. Cuidado con el perro. Vecinos en alerta. Todo eso te va diciendo que el vecino se va atrincherando.”

Aunque la preocupación del grupo por el barrio estuvo siempre, puede decirse que tuvo diferentes momentos. La muestra ambulante[4], una de las principales actividades que realiza el grupo, ofrece una perspectiva interesante para observar estos momentos. La primera muestra se realizó en 1994. La segunda diez años después. En 2006 se realizó la tercera que fue seguida por la cuarta al año siguiente. La primera muestra cuenta Rodríguez que fue pensada “porque muchos de nosotros vivíamos en el barrio, era el barrio que conocíamos. Era donde íbamos a la panadería, a la verdulería. Pero, en realidad, no hubo una puesta en el barrio en sí mismo. Era más una discusión con el centro, con aquellos espacios referenciados para que el arte se exponga. Discusión con las galerías, con los museos, con la facultad de Bellas Artes. Queríamos pensar el arte desde la vida cotidiana, no a partir de la excepcionalidad que le proveen estos espacios”.

En 2004, ya en posesión del Galpón, la situación territorial era otra. Las intenciones del grupo se habían modificado. Para la segunda muestra Rodríguez reconoce que ya había un intento de reflexionar sobre el barrio. Diez años de neoliberalismo habían barrido con gran parte de los negocios de la zona. Esto motivó la búsqueda de nuevos espacios y esos espacios los encontraron en los garajes: “nos pareció que el vecino participe con el garaje no era algo invasivo. El garaje, que está entre lo público y lo privado, nosotros siempre lo definimos como una interfase. Porque es lo que podemos pispear de la vida del vecino; cuando uno guarda el auto o tira los cachivaches o los fines de semana hace los cumpleaños de los hijos, eso por un lado. Por otro lado el garaje nos interesa porque es el lugar de los oficios perdidos. Por eso en los garajes no hay una muestra de una obra consumada sino que procuramos que esté el artista haciendo la obra; si había un juguetero, que esté haciendo los juguetes, si había un luthier que esté haciendo los instrumentos, si había un titiritero que esté representando una obra. Esa era un poco la idea, por eso llegamos a los garajes.”

La muestra continuó con su evolución. El año pasado, en ocasión de la cuarta, un suceso acaecido en la tercera sirvió de disparador. Unos artistas estaban sacando unas fotos a los frentes de unas casas para hacer unas intervenciones y vecinos llamaron la policía. Estuvieron detenidos un día en la Comisaría novena. Entonces se pensó en “trabajar más el tema de la calle, el tema de la vereda. Que ocurrieran más cosas en la calle y en la vereda, es decir de qué otras cosas tiene que estar atento el vecino. Recrear esos espacios no sólo como un espacio de circulación, sino como un espacio de encuentro. Nuestra consigna en esta muestra ambulante fue Otra silla en la vereda, en apelación a la Aguafuerte de Arlt, La silla en la vereda. La silla en la vereda es el chusmerío, pero también es la pregunta por el vecino, la oportunidad para que los chicos jueguen en la calle. Nosotros vemos que no están los chicos jugando en la calle por que no están los viejos. Tu hijo no sale a jugar afuera porque no hay nadie mirando, cuidando, hablando: faltan técnicas colectivas de cuidado. Eso antes llegaba naturalmente porque la gente habitaba la calle. Nos interesaba recrear vínculos sociales, a partir de reabrir esos espacios públicos, como espacios de encuentro. Recrear esos lazos sociales que se fueron rompiendo con la historia Argentina que nos toco vivir.”
La charla va tocando a su fin. Hace calor para ser otoño. Decido que voy a ir al cine antes de volver a casa. Le preguntó qué colectivo me deja en el centro y dónde puedo tomarlo. Cuando llego al cine está por empezar La joven vida de Juno. En la sala no hay nadie, soy el único espectador. También, ¡con lo caro que está el cine!



[1] Francisco Bochatón. No volverás en Tic Tac. Avarecords, 2007, Buenos Aires, 2007.

[2] Disponible en la página web de la UNQ http://www.unq.edu.ar/

[3] Rodríguez Alzueta, Esteban. Estética cruda. Ediciones La Grieta, La Plata, 2003.

[4] La muestra ambulante consiste, someramente, en llevar el arte al barrio. A sus veredas, calles y garajes. Talleres, danza, plástica, música, literatura, teatro, cine, intervenciones, circo y juegos conviven durante unos quince días en las calles de Meridiano V.

Reflexión de Mariana Campana sobre entrevista

Reflexión sobre la entrevista

Mariana Campana


Notas sobre el género entrevista

El género entrevista es una actividad discursiva compleja, porque aunque está ligada a las prácticas de la conversación cotidiana, se aleja de ellas por su grado de institucionalización, por su intencionalidad, por su articulación al espacio público, y a la función periodística, como así mismo por el tipo de competencias exigidas en el rol de entrevistador (Leonor Arfuch.1995).

Al abordar la práctica de la entrevista se presentan ciertas consideraciones. A grandes rasgos puede diferenciarse una primera etapa de investigación, de preparación, luego el momento del encuentro con el entrevistado, del diálogo mismo. Por último, la tarea reconstructiva, la edición del material obtenido, si el reportaje apareciera en un medio escrito. A continuación se presenta el desarrollo de estas fases.

Cuando se afronta la entrevista, el punto de partida fundamental es tener un propósito definido sobre lo que se pretende obtener de ella y del personaje. Ulibarri (1994) considera ciertos aspectos necesarios para esta tarea:

- Definir si se buscan “datos precisos (cifras, fechas, títulos), revelaciones, interpretaciones sobre los hechos, reacciones ante ellos, opiniones generales, testimonios o retrospectivas”.

- Puntualizar si se considera al entrevistado como vocero de una institución, como experto en alguna materia, un protagonista, un observador, etc.

- Precisar cuál es la relación del entrevistado con la prensa. Si es la primera vez que enfrenta una entrevista o si está habituado a ellas.

- Por último Ulibarri se hace distintas preguntas: ¿Qué partes de nuestro reportaje pretendemos fundamentar con sus declaraciones? ¿Es la persona más adecuada para obtenerlos? ¿Hay posibles sustitutos? ¿Quiénes son?

Toda entrevista requiere, según el autor de “Idea y vida del reportaje”, un proceso de preparación fundamentalmente temática, pero a veces también psicológica. Sobre estos temas Douglas Coupland afirma:

”Toda la información que se necesita ya está en Google. Las entrevistas nunca van más allá de eso. Con anterioridad a Google, alguien que preparaba una entrevista tenía que hacer un verdadero trabajo de investigación que comprendía diarios, bibliotecas, visitas, acumulación a entrevistas anteriores y cierta cuota de energía. En la actualidad, no hace falta más que entrar al buscador para crear la ilusión de una verdadera investigación periodística”[1]

Couplan tiene una visión pesimista sobre la actualidad de la entrevista. Para él, de este proceso dialógico ya no puede esperar que surja algún tipo de conocimiento nuevo, sólo pretende algo de entretenimiento.

Con respecto al proceso de preparación, la afamada periodista uruguaya Maria Esther Gilio, en un rol inhabitual de entrevistada, comenta que prepara exhaustivamente sus entrevistas, y que investiga tanto a las personas, al punto que estas suelen quedar asombradas por su conocimiento.

Para muchos periodistas es conveniente escribir una serie de preguntas (simples y directas) con anterioridad, estableciéndolas según un orden de prioridad para, en poco tiempo, cubrir los temas más importantes. Un ejemplo es el método que implementa Gilio. Este consiste en realizar una serie de preguntas que, según María Moreno quien la entrevistó para el suplemento Radar, someten al entrevistado a la propia coherencia.

El proceso que se está caracterizando, además de contemplar la investigación previa y el armado de una serie de preguntas, se incluye una preparación psicológica. El periodista debe “considerar que una entrevista es un contacto humano un intercambio no sólo de datos o ideas, sino también de instintos, emociones, temores, simpatías, antipatías y oportunidades.”[2]

Antes de avanzar en la descripción de la acción de la entrevista en sí, existe un concepto fundamental en el cual ésta se basa y se debe resaltar. Este es el principio básico de cooperación, “sin el cual nuestros intercambios cotidianos se reducirían a una serie de frases deshilvanadas”, así lo describe Leonor Arfuch. Este principio es vital para el género que se describe. A partir de esto se pueden identificar ciertos problemas a la hora de entablar la conversación. Rodrigo Fresan, quien recopila ciertos reportajes realizados a Andy Warhol, comenta que la entrevista es el producto de la colaboración del entrevistado y el entrevistador. El artista más reconocido del pop art, se caracterizó por sus respuestas monosilábicas que obligaban a los entrevistadores a afinar sus preguntas y en definitiva su arte.

Durante el proceso de la entrevista hay un elemento que las enlaza a todas ellas y que muchas veces puede condicionar las respuestas de los entrevistados. Este elemento es el grabador, Warhol decía que era su mujer, y evidentemente le gustaba grabar. Gilio comenta que suele utilizar el grabador y también tomar notas mientras su entrevistado responde. Pero admite que en una nota realizada a Juan C. Onetti donde se pactó que la máquina no apareciera, ella sin embargo la usó. En este punto se pone en juego la ética del periodista. Una situación similar le ocurrió a Coupland al entrevistar a Morrissey, él sabía desde un primer momento que el grabador no iba a aparecer, y no apareció. La entrevista se transformó entonces, en una serie de ideas que le dejó el personaje luego de pasar ciento cinco minutos con él.

Retomando el desarrollo del encuentro con el entrevistado, existen, según Ulibarri, tres trucos útiles a la hora de hacer la entrevista. El primero es la pausa deliberada, donde el silencio cobra importancia para obtener declaraciones interesantes. El segundo truco consiste en que, si el periodista toma nota, este simple hecho puede alertar al entrevistado de la gravedad de lo que expresa, dejar de anotar puede relajar al entrevistado e invitarlo a que siga con esa línea de declaraciones. El último truco se refiere al método POSI que está basado en el hecho de que el objeto que es noticia tiene un Propósito y confrontará algún Obstáculo donde el protagonista ha encontrado una Solución a este obstáculo o al menos una forma de eludirlo, y en el cual el asunto que busca se originó en algún momento debido a alguien.

Gilio, además de las preguntas que tiene previamente armadas, logra establecer una conversación que parece ser casual, esta apariencia es el resultado de lo que ella reconoce como orientar u organizar la conversación, de tal manera, que se vaya dialogando de los temas que ella quiere. Algo similar instrumenta Capote en la entrevista ficcionalizada con Marilyn Monroe. El escritor intenta con distintas técnicas, entre ellas mentir e invitarla con un champán, sacarle la información que le intrigaba y que la actriz se negaba a contarle.

Para concluir con esta etapa, se puede decir que aquí es donde el entrevistador tiene que demostrar ese tipo de competencias que se le exige y se le vincula a su rol. Algunas de estas habilidades son: “Plantear con claridad las preguntas, repreguntar, volver sobre el tema o cuestión que quedo pendiente, resumir, glosar o desarrollar lo sustancial de las afirmaciones del otro, hacer avanzar el diálogo, (…) aprovechar elementos inesperados pero relevantes, dar un giro radical si es necesario, abrir una polémica.”[3]

El momento de la edición y de la elaboración del relato, es la última fase de la entrevista. Pero cabe resaltar que atañe principalmente a aquellos reportajes que se presentarán en un soporte escrito. Como sabemos, en la comunicación escrita, al contrario que la oral, no hay un contexto compartido por el emisor y el receptor (en este caso el periodista y el lector de la entrevista) es decir, es una comunicación diferida. El que escribe tiene la posibilidad de controlar su propio discurso, como así también puede controlar los dichos de su interlocutor, su entrevistado. Este trabajo a posteriori que realiza el periodista, para Arfuch, resulta inquietante y se plantea: qué puede hacer el otro con la propia palabra al escribir.

Esta etapa de ordenamiento de la entrevista se nutre de distintas estrategias. Arfuch describe que en un reportaje actúan complementariamente la fragmentación (reconstrucción de un retrato vivencial y también de una palabra citada, “literal”) y la búsqueda del detalle (microhistorias, anécdotas, focalizaciones). La estructura que asumirá el reportaje va a depender del criterio que se implemente para organizar el material obtenido.

En relación a las formas de composición estética y la tarea reconstructiva, la entrevistadora Gilio describe su trabajo en la postproducción de la entrevista. “A veces, en medio de un enorme follaje de ramas secas, encontrás una frutita y la dejás sola para que resalte. Si alguien está diciendo bla bla bla bla y le escuchas: «y hay veces en que siento envidia». Eso es lindo (…). Y tú pones: «Habló largamente, quedo en silencio y de pronto dijo: ‘Hay veces que siento envidia’» Se valoriza, ¿no?”[4]

Este trabajo posterior que el periodista realiza parece imperceptible en la entrevista que realizó Kathleen Wheaton a Manuel Puig, sólo se puede apreciar su real magnitud al leer la última parte de la introducción. En ella la entrevistadora cuenta que los encuentros con el escritor fueron tres, con “descansos” de seis meses. El diálogo que se presenta es, según lo descripto por Wheaton, el que corresponde a la primera reunión. En este encuentro se habló en castellano y luego en inglés. Pero este paso de un idioma a otro el lector no lo percibe.

Sin embargo hay entrevistas que sólo son la transcripción fiel de la conversación, y esto también es un criterio de organizar el material obtenido. Un ejemplo son las entrevistas publicadas en la revista Interview, editada por Warhol, donde la reproducción literal de los diálogos, incluía exclamaciones, titubeos y silencios.

Este punto final de la entrevista también involucra a las competencias narrativas del entrevistador. Además de la forma de presentar el diálogo, es importante el estilo del periodista, y como este puede realzar, sasonar la nota mediante su forma de escribir, de describir (de crear ambientes) y de narrar, tanto a lo que rodea al encuentro como al entrevistado. Este aspecto es dificil de desarrollar, ya que trata sobre una cualidad particular en cada periodista y hasta en cada persona, que es la habilidad en el manejo del lenguaje.

En relación a esta última consideraración es pertinente citar a Manuel Puig, quien es indagado sobre sus años de profesor, pero que es relevante para exponer lo particular que resulta obtener un buen manejo de la escritura, y por lo tanto abordar cualquier genero, incluso la entrevista.

¿Usted cree que se puede enseñar a escribir?

- No, pero se puede hablar de eso. Cuendo enseñé en City Collage y en la Universidad de Columbia, lo que hice fue hablar de mis propias experiencias y despues sugerir ejercicios. No me gusta entrar en un aula y sentarme a escuchar a alguien que lee.

¿La enseñanza contribuyó con su escritura, lo ayudó a escribir?

- Siempre ayuda, porque uno está hablando todo el tiempo del tema que lo acosa.[5]

Resumiendo, la entrevista permite ahondar en el detalle de las personas que son indagadas. El periodista obtiene la informacion mediante un diálogo inteligente, intensivo y relajado donde se expone la humanidad del entrevistado y las competencias del entrevistador. Quien emprenderá la tarea reconstructiva con el material obtenido, teniendo como particularidad tanto el criterio al organizar la información, como el propio manejo del lenguaje.

Bibliografía consultada

ARFUCH, Leonor. (1995) “Los lenguajes de la entrevista”. En: La entrevista, una invención dialógica. Bs.As.: Paidós.

CAPOTE, Truman. (1995) “Una adorable criatura”. En: Anagrama. Barcelona.

COUPLAND, Douglas. (2006, Abril 29) “Amamos tanto a Morrisey”. En: revista Ñ. Buenos Aires: Clarin.

FRESÁN, Rodrigo. (2004, Septiembre 19) “Así habló Andy Warhol”. En: Suplemento Radar. Buenos Aires: Página 12.

MORENO, María. (2004, Enero 18) El oído absoluto (entrevista a María Esther Gilio). En: Suplemento Radar. Buenos Aires: Página 12

ULIBARRI, Eduardo. (1994) “Los otros cuentan”. En Idea y vida del reportaje, México D.F.:Trillas

WHEATON, Kathleen. (1989). Manuel Puig. En Confeciones de escritores: Escritores latinoamericanos (pág. 226). Buenos Aires: El ateneo



[1] COUPLAND, Douglas. (2006, abril 29) “Amamos tanto a Morrisey”. En: revista Ñ. Buenos Aires: Clarin.

[2] ULIBARRI, Eduardo. (1994) “Los otros cuentan”. En Idea y vida del reportaje, México D.F.:Trillas. p.91

[3] ARFUCH, Leonor. (1995) “Los lenguajes de la entrevista”. En: La entrevista, una invención dialógica. Bs.As.: Paidós. p.49

[4] MORENO, María. (2004, Enero 18) El oído absoluto (entrevista a María Esther Gilio). En: Suplemento Radar. Buenos Aires: Página 12.

[5] WHEATON, Kathleen. (1989). Manuel Puig. En Confeciones de escritores: Escritores latinoamericanos (pág. 226). Buenos Aires: El ateneo. p. 224

Reflexiones de María del Mar Galant sobre la entrevista

Reflexiones Sobre Género: La Entrevista

María del Mar Galant

Tengo apreciaciones encontradas acerca del género entrevista. Es el tipo de artículo que más me interesa leer, por su valor auténtico, de primera persona. También me apasiona preparar las preguntas y los conocimientos previos cuando tengo que hacer una. Sin embargo, el momento específico de la concreción ha sabido resultarme angustioso. No tuvo que ver con un entrevistado malhumorado o poco colaborativo, a lo Andy Warhol. Es que nunca resulta lo que yo espero. Esto no es necesariamente malo, pero sí exige de mí mayor poder y capacidad de improvisación, creatividad y quizás, carisma.

“La entrevista es el género de la voz y la autenticidad”[i] dice Leonor Arfuch, y eso es lo que más magnetismo genera en este tipo de textos. Nada añade más valor, o sensación, de verdad que la palabra en primera persona. Sin embargo, es cierto que nada garantiza que la persona que habla sea veraz. Pero sí hay implicado mayor compromiso por la exposición requerida en el acto de la entrevista.

Creo, personalmente, que la entrevista es una fotografía verbalizada. Es decir: una conjunción de: a) la situación en la que se encuentra el entrevistado (su humor, lo que le pasó en el día hasta llegar a la entrevista, su interés en el tema); b) la situación del entrevistador; y c) un marco común. Es necesario tener en cuenta, entonces, que la persona que entrevistamos puede estar de buen o mal humor, con ganas de hablar o no, interesado en la entrevista o no, cansado de hablar, etc. También puede tener un mal día quien pregunta. En dos momentos diferentes, con los mismos personajes y las mismas preguntas, los resultados serán distintos.

Eso explica, con mayor claridad, Eduardo Ulibarri cuando dice: “(…) la entrevista es un contacto humano, un intercambio no sólo de datos o ideas, sino también de instintos, emociones, temores, simpatías, antipatías y oportunidades.”[ii]

Este autor también trata el tema de la ética. La entrevista es un contacto muy directo con la persona que estamos, digamos, “investigando”, y se hace muy sencillo involucrarse. Cuando estuve frecuentando al elenco de “Made In Lanús”, el mes pasado, luego de las entrevistas pude asistir al último ensayo general. Y ahora voy a citarme a mí misma, en una entrada que hice a mi diario de escritor:

“Antes del ensayo, participé de los arreglos previos. El plan era <>, pero son necesarias todas las manos que se puedan extender, así que… Y en cuanto a eso, me pregunto: ¿hasta dónde uno, como cronista - o cual sea el papel que va a ejercer allí - , debe involucrarse? Porque, ya digo, la idea era observar, pero de pronto me encontré ofreciendo ramas del laurel de mi casa para la escenografía, y recibiendo la invitación a la cena que celebraba el fin de los ensayos… No lo tengo claro, pero creo que es algo que todos los que estamos en esta cursada nos vamos a preguntar, eventualmente. Porque la premisa es arte + transformación, y muchos de los proyectos tienen un contenido social, o trabajo ad-honorem o cooperativo. Y nos vamos a ver en la posición de poder ofrecer ayuda, y de querer darla.”[iii]

No es el único ejemplo sobre cuestiones de ética. Cuando entrevisté a la directora de la obra, la señora Elsa Juarez, le hice una pregunta sobre la década del ’70 en la Argentina, sobre la dictadura militar. No había terminado de formularla, que ella señaló mi grabador, se llevó la mano a los labios e hizo el gesto de cerrar un cierre invisible. El mensaje fue claro. Sin embargo, en otra de mis visitas al teatro, y estando todo el elenco charlando informalmente en el jardín de la Casa de Arte, ella recordó la situación: “Vos el otro día me preguntabas de la Dictadura, bueno, en esa época yo…”, y de pronto muchas anécdotas afloraron. No estaba el grabador presente… pero estaba yo. ¿Tenía que advertirle: “Mire que lo que me diga puedo escribirlo, eh”? Es un tema que me interesaría retomar en la crónica, dado que la entrevista se desenvolvió alrededor de otro eje, así que en su momento, voy a volver a este dilema. Sí, es cierto que no se explicitó un Off-the-Record en ningún momento.

Con respecto a los tipos de entrevistas, tenemos un amplio abanico de posibilidades. Pudimos espiarlos en las entrevistas que leímos como ejemplos. Hay algunas que no tratan ningún tema en particular, sino que hasta parecen un recurso para adornar un retrato, como el caso de la que Truman Capote le hizo a Marilyn Monroe. No hablan de nada en particular, pero de todo a la vez. Hasta parece el segmento de una novela en la que Marilyn es la heroína, Henry Miller su interés sentimental, y Capote un personaje secundario, el amigo.

Existen también entrevistas con el único objetivo de obtener o confirmar información. Estas solemos verlas / oírlas en los noticieros. Muchas de ellas son hechas en situaciones apresuradas y no en los mejores términos. Es cuando el periodista se “pelea” con el entrevistado para sacarle una declaración o exponerlo de algún modo. También la entrevista que María Moreno hizo a María Esther Gilio es de esta clase. Si bien el estilo no es tan apresurado y conciso como en los noticieros, ni tampoco pretende confrontarla con ninguna denuncia, el fin de la charla es obtener datos. En este caso, del método de trabajo.

Cuando se entrevistan figuras sobresalientes en su actividad, y no por algún acontecimiento particular, la entrevista suele ser casi explorativa, a la caza de una declaración inédita o confesión significativa. Así son muchas entrevistas a escritores, actores, cantantes, deportistas. Son preguntas obligadas las que remiten a la infancia, al amor, al sacrificio y al esfuerzo invertido en su profesión. Un ejemplo sería la de Jorge Luis Borges.

Yo creo que es imprescindible, como entrevistador, realizar una profunda investigación previa. Saber de la persona: de sus amigos, sus enemigos, sus triunfos, sus fracasos, su causa, sus intereses, etc. Si es por un tema específico, nuestro conocimiento debe permitirnos discutir el tópico casi de igual a igual. Sin embargo, todo lo que podamos saber no debe “subírsenos a la cabeza” de forma que no expliquemos lo pertinente para que “el tercer vértice”[iv] de la entrevista, como lo llama Arfuch, pueda comprender su contenido.

Quiero terminar con una particularización de la entrevista para fines gráficos y no audiovisuales o radiales. La capacidad del entrevistador es, en estos casos, más importante a la hora de comunicar el verdadero sentido de las palabras que se intercambiaron con el entrevistado. Debe saberse narrar con precisión la entonación, el gesto, la intencionalidad de las respuestas. Sabemos que un “sí, claro”, puede ser una simple afirmación, o puede ser una tremenda ironía.

Es un poder muy especial el que posee el entrevistador, en especial si redacta. Está en sus manos que el mensaje de una persona llegue a múltiples receptores de la manera más fiel posible, o de la forma más tergiversada. Como toda actividad que involucra a terceros, debe llevarse a cabo con la mayor de las responsabilidades.

María del Mar Galant

Abril de 2008.



[i] Arfuch, Leonor. Presentación. En “La entrevista, una invención dialógica”. Ediciones Paidós, Barcelona, 1995. p. 13.

[ii] Ulibarri, Eduardo. Los otros cuentan. En “Idea y vida del reportaje”. Editorial Trillas, Mexico, 1994. p. 91.

[iii] Galant, María del Mar. Ensayo General. En “Yo, escritora”. 1º de abril de 2008. Vínculo online: http://letrasdemumi.blogspot.com/ 2008/04/ensayo-general.html

[iv] Ídem 1.